miércoles, 30 de agosto de 2017

De nuevo por la Serranía

Esta semana pasada he tenido la suerte de poder regresar durante un par de jornadas a ese paraíso para el naturalista que es la alta Serranía de Cuenca. Un lugar que sigue deparando sorpresas cada vez que lo visito, y que seguro que aún tiene muchos tesoros sin desvelar. Sin duda uno de mis rincones favoritos de la naturaleza ibérica.

Mi objetivo (o excusa) principal era poder detectar algunas especies de odonatos montanos que resultan muy escasas en la Comunidad Valenciana y aún no había podido observar. La primera jornada, soleada y en solitario, se saldó con bastante éxito, mientras que la segunda, en compañía de mis amigos Iván Moya, Víctor París y Juanjo García resultó lluviosa y no muy fructífera en odonatos. Sin embargo fue en esta en la que pudimos ver en condiciones a un curioso endemismo de estas tierras, la mariposa montañesa zapaterina (Erebia zapateri), muy abundante en algunos prados.

Montañesa zapaterina (Erebia zapateri)

Esta especie es exclusiva de los Montes Universales en el Sistema Ibérico meridional, y como todas las de su género, es una especie montana. Un pequeño tesoro de nuestra naturaleza.

Montañesa zapaterina (Erebia zapateri)

Acompañaban a las zapaterinas en las matas de lavandas unas pequeñas zigenas de la especie Zygaena fausta, que eran incluso más abundantes que las propias mariposas. Podemos decir que había una en cada flor.

Zygaena fausta

Antes de pasar al plato fuerte con los odonatos hablaré de los pocos vertebrados que se dejaron ver. Entre las aves, las rapaces estuvieron representadas por observaciones bastante lejanas de águilas calzadas, abejeros, ratoneros y buitres. También pude ver gracias a mi telescopio cómo un alcotán atrapaba en el aire a una alondra, sencillamente espectacular. Todo ello, sin embargo, se quedó sin foto. Sí pude afotar testimonialmente a algunos de los muchos mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) que andaban por allí en paso.

Mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus)

Entre los herpetos estuve buscando víbora hocicuda a primera hora en una zona propicia que conozco, pero no tuve la suerte de que apareciera. En su ausencia, pude ver una culebra lisa meridional (Coronella girondica), especie muy abundante aquí. 

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

También se dejó ver otro reptil típico de la Serranía, el lagarto ocelado (Timon lepidus), del que pude fotografiar un confiado ejemplar.

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Pasemos ya al meollo de la cuestión, las libélulas. Podemos encontrar aquí algunas especies típicamente centroeuropeas que en nuestra península se restringen a cotas altas de montaña. Estas fechas resultan de las mejores para observarlas. Su hábitat típico, prados encharcados y turbosos a media o gran altitud. 

Sabinares rastreros y turberas de la Serranía, hábitat privilegiado para odonatos

La primera especie que pude ver fue la Sympetrum striolatum. Esta especie no es tan alpina y resulta abundante en otoño en casi cualquier lugar. Sin embargo, todavía no la había fotografiado en condiciones. Su tórax con fuerte contraste entre rojo y amarillo la separa de especies similares.

Macho de Sympetrum striolatum

Empezando ya con especies montanas, la más abundante fue Sympetrum sanguineum. Esta pequeña libélula de tonos rojo sangre (de ahí su nombre) se identifica con facilidad por sus patas enteramente negras.

Macho de Sympetrum sanguineum

Macho de Sympetrum sanguineum

Otra Sympetrum algo menos común fue Sympetrum flaveolum. Sus alas tintadas de amarillo son la mejor baza para identificarla. No conseguí dar con la tercera especie de Sympetrum y la más rara de todas, Sympetrum vulgatum ibericum, un raro endemismo peninsular.

Macho de Sympetrum flaveolum

Macho de Sympetrum flaveolum

Sin embargo la libélula más espectacular y mi principal objetivo se dejaría ver muy bien durante la primera jornada. Hablo de la gran Aeshna juncea, una libélula habitual en muchas zonas del norte de Europa pero muy rara en España y restringida a unas pocas zonas montañosas donde poco a poco se están descubriendo poblaciones. El llamativo macho patrullaba de forma incansable las turberas, expulsando a sus competidores y sin posarse ni una sola vez, por lo que tuve que improvisar una foto en vuelo.

Macho de Aeshna juncea

Las hembras en cambio apenas volaban, sino que se dedicaban a depositar sus huevos ocultas entre la vegetación ribereña. Sin embargo levanté sin querer a una de ellas que se posó en un pino cercano, permitiéndome verla a muy corta distancia. Preciosos sus ojos ambarinos.

Hembra de Aeshna juncea ovopositando

Hembra de Aeshna juncea

Y hasta aquí la entrada. Espero poder regresar en primavera a este paraíso y descubrir algunos de los secretos que todavía me faltan (esa mariposa isabelina...). No tardaré mucho en volver por aquí con muchas más especies interesantes, hasta entonces esta bonita libélula se despide de todos vosotros. ¡Hasta pronto amigos!


2 comentarios:

  1. Buen reportaje de la Serranía de Cuenca Luis, todo el mundo habla maravillas de este sitio, que ganas tengo de visitarlo. Un abrazo desde Cantabria.

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    1. ¡Una pasada de sitio! Yo nunca me canso de ir, y como digo en la entrada cada vez te sorprende con algo nuevo. Si alguna vez vas no dudes en avisarme y te digo sitios.


      Un abrazo

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