martes, 25 de julio de 2017

Herpeteando por Burgos: Víboras

Las víboras se cuentan, quizás junto con el lobo, entre los animales más odiados, temidos y perseguidos por el hombre de todos cuantos habitan en la Península ibérica. Siendo como son animales que por su veneno es indudable que revisten una cierta peligrosidad, sin embargo y en mi opinión esta mala fama no se la merecen para nada. Durante este viaje hemos tenido la suerte de disfrutar de un puñado de observaciones de estas fascinantes criaturas, que nos han hecho comprenderlas mejor como lo que son: unos seres tremendamente nobles, que sólo atacan como último recurso, y también unos animales bellísimos y un tesoro de nuestra biodiversidad que merece ser conservado.

Burgos es seguramente la mejor de las provincias españolas para observar víboras. Esto se debe a su posición en la zona de contacto de las tres especies peninsulares (la hocicuda, la áspid y la cantábrica), y también quizás a su clima frío que resulta en la ausencia de otras serpientes que podrían depredar o competir con las víboras, como la gran culebra bastarda (Malpolon monspessulanus). Esto junto con los campos de cereal repletos de roedores de gran parte de la zona resulta en una abundancia vipéridos que es muy rara ya en otras regiones ibéricas.  

Como muestra de todo esto que cuento nuestra propia experiencia en este viaje, habiendo observado las tres especies de víboras ibéricas en poco más de 24h, y sin dedicarnos la mayor parte del tiempo expresamente a buscar víboras. La primera que vimos fue un juvenil de víbora cantábrica o de Seoane (Vipera seoanei) que supuso mi primer contacto con esta especie. 

Víbora cantábrica (Vipera seoanei cantabrica)

Como se puede ver por sus ojos vidriosos, este ejemplar estaba próximo a mudar la piel (nos quedamos sin ver el bello tono rojizo del iris de esta especie). El hábitat donde lo encontramos, bastante mediterráneo (una zona de huertas cercana a una chopera, en zona cerealista), además de la zona muy occidental nos indica que se trata de un ejemplar de la subespecie cantabrica. Esta subespecie sería un ecotipo de la víbora de Seoane adaptado a un clima más seco, y se distribuye por sus zonas más sureñas. Además, su veneno sería el doble de potente que en la Seoane nominal, quizás por lo duro de este medio para una especie tan amante de la humedad, y que por ello no puede permitirse perder muchas presas.

Víbora cantábrica (Vipera seoanei cantabrica)

Víbora cantábrica (Vipera seoanei cantabrica)

A la tarde del mismo día, en un páramo del centro de la provincia pudimos observar una tremenda hembra de víbora hocicuda (Vipera latastei), la víbora más grande que había visto hasta ese momento. Era tremenda para ser una hocicuda, sobre todo muy ancha, quizás estaba grávida. Un ejemplar espectacular.

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

En estas zonas de contacto entre las diferentes especies de víboras, aunque en teoría cada una ocupa un hábitat diferente (simpatría pero no sintopía), no son raros los contactos y la presencia de ejemplares híbridos, especialmente entre las víboras áspid y hocicuda, más emparentadas. Sobre este ejemplar, por su "hocico" bastante reducido y sus ojos muy dorados mis compañeros pensaron en un principio que se trataba de una áspid, aunque el patrón dorsal sea el típico de una hocicuda. ¿Será un híbrido? Es difícil saberlo sin análisis genéticos, podría ser, aunque por ahora la dejaremos como hocicuda. 

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Encontramos a esta víbora emboscada bajo una gran roca en un encinar abierto con matorral y piedras cercano a cultivos de cereal. Hábitat seco y mediterráneo, más propio de la hocicuda que de la áspid. Un hábitat, también, parecido a algunos que conozco del interior valenciano, donde sin embargo jamás se encuentran víboras, quizás debido a una mayor persecución por parte del hombre, o a la presencia de especies competidoras. 

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Y la cosa se superaba por momentos. A la mañana siguiente, explorando una ladera de montaña en una zona más al norte, apareció otra víbora todavía más larga que la anterior, aunque no tan gruesa. Esta sí tenía el patrón y rasgos típicos de una hembra de áspid (Vipera aspis), la especie que alcanza mayor tamaño entre nuestras víboras. Además también es la especie con el veneno más potente, un animal que impone en definitiva. 

Víbora áspid (Vipera aspis)

Aunque pueda tener un aspecto peligroso, esta víbora reaccionó ante nuestra presencia simplemente quedándose quieta, inmóvil y confiando en su camuflaje para que no la viéramos. Y por poco lo consigue, de no ser porque acababa de mudar, y su piel resultaba más visible que ella misma. Fue justamente al agacharse para coger la piel cuando mi amigo Rubén la vio. Para que veáis el tremendo camuflaje que tienen estos animales, incluso cuando son tan grandes. Habremos pasado seguro al lado de más víboras durante este viaje sin verlas.

Víbora áspid (Vipera aspis)

Víbora áspid (Vipera aspis)

Una vez se sintió acorralada, reaccionó como suelen hacerlo las víboras. Se quedan quietas, con el cuello en la típica posición de ataque pero aparentemente tranquilas, con lo que permiten hacerles fotos. No obstante, hay que tener cuidado de no rebasar su rango de alcance, pues en cuanto se ven con opciones de alcance no dudan en lanzarse a morder con una velocidad tremenda. Esta velocidad es vital para ellas, pues así es como cazan a sus presas. A la que quieras apartarte ella ya habrá podido morderte y volver a su posición. Todo esto que cuento no debe servir para temer ni odiar a las víboras, repito que solamente atacan como última opción. Sin embargo, sí que demuestra que cualquiera no puede manipularlas, se necesita una cierta experiencia para saber anticiparse a sus reacciones. 

Víbora áspid (Vipera aspis)

Después de estos tres magníficos ejemplares, ¿qué más podíamos pedir? Los días siguientes nos centramos en otras especies y no vimos ninguna víbora. Justamente en una mañana que dedicamos al descanso, decidí darme una vuelta para ver aves por un robledal cercano a nuestro albergue. Y así, de casualidad, vendría el mejor herpeto del viaje (con el permiso de la esculapio), la víbora negra. Una pasada de víbora cantábrica (Vipera seoanei) melánica. 

Víbora de Seoane (Vipera seoanei) melánica

Fue curioso este encuentro. Al principio pensé en una culebra de collar (especie que también presenta melanismo) e intenté pillarla para verla mejor, pero se me escapó. Cayendo en la cuenta de que podía ser una víbora, al final puede pillarla cuidadosamente de la cola y con la ayuda de mi gancho herpetológico la llevé a una zona más despejada antes de avisar a mis compañeros. Una experiencia que nunca olvidaré, mi encuentro con este ejemplar único.

Víbora de Seoane (Vipera seoanei) melánica

El melanismo es una adaptación que presentan estos ofidios en climas especialmente húmedos o fríos, pues el color negro les permite calentarse con más eficacia con el débil sol del norte. En la víbora cantábrica es un fenómeno frecuente en sus poblaciones más occidentales, sin embargo, en Burgos es extremadamente raro, tal vez este sea el primer caso. Este ejemplar además conservaba ciertos tonos rojizos que lo hacían todavía más bello, una de las serpientes (y animales) más bellas que he visto, sin duda. Las fotos no hacen justicia a como se veía allí, el negro parecía de terciopelo, cambiando según la luz...

Víbora de Seoane (Vipera seoanei) melánica

Contemplando este animal creo que se comprende muy bien el tesoro que suponen nuestras víboras, con las que os aseguro con un poco de precaución (¡mínima!) es muy fácil convivir sin tener el más mínimo problema. Por desgracia, la mayor parte de encuentros entre el hombre y la víbora acaban de un palazo en la cabeza para la segunda, cuando no algo peor. Ojalá todo el mundo aprendiera apreciar mejor a este y otros denostados tesoros de nuestra naturaleza...

Víbora de Seoane (Vipera seoanei) melánica

Y hasta aquí las crónicas de este viaje por Burgos. Espero no haberos aburrido con tanto herpeto. Os dejo con un bello arcoiris sobre el páramo burgalés, y espero volver pronto con muchas más escenas naturales!

jueves, 20 de julio de 2017

Herpeteando por Burgos: Culebras

Esta vez he tardado un poco menos en traeros la antepenúltima crónica (esta va a ser minicrónica) de mi viaje herpetológico a Burgos. El clima frío del norte de esta provincia no es el más adecuado para las serpientes, por lo que la diversidad de especies que podemos encontrar aquí es quizás algo menor que en zonas más mediterráneas, faltando muchas de ellas como las culebras grandes de escalera, herradura o bastarda. Estas ausencias permiten sin embargo a otras especies, más tolerantes al frío, expandirse o abundar más que en los lugares donde compiten con las grandes culebras mediterráneas. El ejemplo más paradigmático de esto yo diría que son las víboras, de las cuales hablaré en la próxima entrada. 

Las dos especies de culebras de agua, por ejemplo, se encuentran presentes por toda la provincia. En el caso de la culebra de collar (Natrix astreptophora), su abundancia es mayor que en localidades más al sur, ciñéndose sin embargo a la vegetación húmeda y de ribera. Pudimos observar varios ejemplares juveniles, aunque ningún adulto (recordemos el mal tiempo que nos hizo). 

Culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora)

Culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora)

Este último juvenil presentaba un aspecto muy escuálido, similar al que tienen las serpientes cuando las rescatas de efectos trampa donde no comen. Estaba junto a una charca plagada de renacuajos, aunque también de culebras viperinas, que igual aquí desplazaban a estas serpientes...

Culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora)

Justamente pudimos ver un ejemplar de buen tamaño no muy lejos, y con una coloración particularmente rojiza, una de las más bonitas que he visto nunca sin duda. Comprobamos que la especie estaba más ligada al agua que la viperina (no vimos ni un ejemplar en tierra) y su abundancia, excepto en puntos muy concretos, era más bien baja. 

Culebra viperina (Natrix maura)

De entre las serpientes ya eminentemente terrestres, las únicas culebras presentes en nuestra zona de prospección fueron las culebras lisas. A la meridional (Coronella girondica) la encontramos en las zonas de mayor aridez y un carácter más mediterráneo, como las solanas. Gran parte de los individuos los vimos por la noche, cruzando la carretera, y por ello no tengo fotos demasiado buenas. 

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

Una especie nueva para mí fue la culebra lisa europea (Coronella austriaca). Es una de las serpientes europeas mejor adaptadas al frío, y la hallamos en zonas más umbrías, altas y húmedas que la meridional, aunque a veces muy próxima a ella. Se diferencian por varios rasgos, siendo los más fiables la coloración ventral, uniforme en la europea, y la escama rostral penetrante, que le da un "hocico puntiagudo".

Culebra lisa europea (Coronella austriaca)

Además, una adaptación de esta serpiente a los climas fríos, que comparte con las víboras, es su ovoviviparismo. Los huevos se incuban en el interior del cuerpo de la madre, evitando su exposición al frío exterior. 

Culebra lisa europea (Coronella austriaca)

Y la última especie de la que voy a hablar va a ser la única que no observamos en Burgos. Uno de los días que dejamos un poco de lado la prospección para realizar una escapada a la provincia de Guipuzkoa, con el objetivo de ver una culebra de esculapio (Zamenis longissimus), seguramente la especie más difícil de ver de la herpetofauna ibérica y también la que más ganas tenía de observar. Y gracias a la ayuda de los amigos vascos Ander Izaguirre y Aitor Montes que nos acompañaron pudimos encontrar un precioso ejemplar adulto. 

Culebra de esculapio (Zamenis longissimus)

Esta especie tiene una distribución europea meridional, siendo menos termófila y xerófila que su pariente la culebra de escalera (recientemente renombrada como Zamenis scalaris).  Es célebre entre los herpetólogos ibéricos su capacidad de trepar a los árboles, y aunque pueden hacerlo de vez en cuando yo diría que sus costumbres son menos arborícolas de lo que se piensa. 

Culebra de esculapio (Zamenis longissimus)

La especie es también célebre por su asociación a Esculapio o Asclepio, dios romano de la medicina, apareciendo en su vara como símbolo de esta. Su dieta se compone principalmente de micromamíferos, algún lagarto y también aves. Es la segunda serpiente más larga de la península,  pudiendo medir cerca de dos metros (aunque suelen ser bastante menores) solamente superada por la culebra bastarda. 

Culebra de esculapio (Zamenis longissimus)

Es justamente en la campiña vasca donde la especie presenta una mayor abundancia de entre sus pocas localidades ibéricas, aunque sus costumbres discretas la hacen difícil de encontrar, especialmente si no sabes dónde buscarla. En el norte de Cataluña por ejemplo está también presente, y allí parece que se hace especialmente difícil de ver (la he buscado un par de veces sin éxito). Una serpiente preciosa al fin y al cabo, y con ella me despido. En la última entrada, las víboras burgalesas.


domingo, 16 de julio de 2017

Herpeteando por Burgos: Saurios

Aquí viene la segunda crónica de nuestro viaje herpetológico por la provincia de Burgos, la primera dedicada a los reptiles, y en concreto a los saurios. Dentro de los saurios encontramos diversas familias de lagartos (en sentido amplio) y concretamente en Burgos pudimos encontrar representantes de las familias Anguidae (luciones), Scincidae (eslizones) y Lacetidae (lagartijas y lagartos "típicos"). Faltan aquí otras familias presentes en Iberia pero más termófilas como las salamanquesas, la culebrilla ciega y por supuesto el camaleón, que no toleran los fríos inviernos burgaleses.

Empezaré con el único representante de los ánguidos en nuestra península, el lución (Anguis fragilis), un lagarto sin patas que prefería los herbazales húmedos de la parte más norteña, aunque puede encontrarse igualmente en bosques de ribera más al sur. No vimos demasiados ejemplares de esta especie en el viaje, pero uno de ellos, además de buen tamaño, se dejó retratar muy bien para lo que suelen hacer.

Lución (Anguis fragilis)

Lución (Anguis fragilis)

Hablaba en la entrada anterior de lo buena que es esta provincia para ver las vicarianzas entre diferentes especies, lo cual se ve mejor en reptiles que en anfibios, con numerosos ejemplos de cómo especies similares ocupan ambientes y papeles ecológicos también parecidos en sus respectivas zonas climáticas. Así, el lución se ve sustituido en los herbazales más secos y mediterráneos (y más sureños) por el precioso eslizón tridáctilo (Chalcides striatus), especie que pude observar por primera vez y en abundancia. No apareció en cambio el eslizón ibérico (Chalcides bedriagai), todavía más termófilo y que aunque abundante en Valencia debe ser bien escaso en Burgos. 

Eslizón tridáctilo (Chalcides striatus)

Pasando a los lagartos, la especie más observada fue la lagartija roquera (Podarcis muralis), junto a su pariente más termófilo la lagartija parda (Podarcis liolepis), aunque a estas por lo común se me pasó hacerles fotos. Una interesante novedad fue la lagartija de turbera (Zootoca vivipara) que ocupa en la provincia únicamente unos pocos pastizales húmedos de la parte más cantábrica. 

Lagartija de turbera (Zootoca vivipara)

Los valles pasiegos burgaleses, hábitat de la lagartija de turbera

Esta pequeña lagartija de aspecto bastante normal pasa por ser uno de los reptiles con el área de distribución más grande de todo el mundo, llegando desde Galicia hasta los confines de Siberia. Es también uno de los reptiles mejor adaptados al frío, y como su nombre indica es vivípara en la mayor parte de su área de distribución, aunque las poblaciones ibéricas, quizá las que sufren menos el frío, son ovíparas. 

Lagartija de turbera (Zootoca vivipara)

Lagartija de turbera (Zootoca vivipara)

Pasando ya a lagartos de mayor envergadura, en Burgos podemos encontrar las tres especies de grandes lagartos ibéricos. En la zona norte y las riberas, en definitiva los medios más húmedos, encontramos al lagarto verde occidental (Lacerta bilineata), una preciosa aunque desconfiada especie. Pudimos ver algo menos de una decena de ejemplares en todo el viaje, de los cuales solamente uno, rescatado de una arqueta, se dejó retratar. El tiempo caluroso de la primera semana, con temperaturas de hasta 42ºC nada habituales en esta zona, nos impidió quizás disfrutar más de esta especie. 

Lagarto verde occidental (Lacerta bilineata)

Del lagarto verdinegro (Lacerta schreibieri) una especie que tenía muchas ganas de ver, solamente pudimos ver un ejemplar hembra en todo el viaje, que aunque la vimos el tiempo suficiente para identificarla con total seguridad, no dió tiempo a sacar las cámaras antes de que se ocultara en unas zarzas. Esta es seguramente la especie de lagarto más escasa aquí, ya en el límite de su distribución. La más observada, en cualquier ambiente mínimamente mediterráneo, el gran lagarto ocelado (Timon lepidus). 

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Y acabo con una nota curiosa, una especie que en Valencia es tan común que ya casi la ignoramos en nuestras salidas de campo, y aquí en cambio es un ser casi exótico. Hablo de la lagartija colilarga (Psammodromus algirus), claro representante de una herpetofauna muy mediterránea y de la cual pudimos observar un ejemplar en todo el viaje, seguramente en uno de los límites de su distribución. En la siguiente entrada harán su aparición las auténticas estrellas del viaje, las serpientes. ¡Hasta pronto!



lunes, 10 de julio de 2017

Herpeteando por Burgos: Anfibios

¡Ya estoy de vuelta! Las dos últimas semanas de Junio anduve por la provincia de Burgos, ayudando a mi amigo Josep Bisbal en una prospección herpetológica. Burgos, especialmente en su mitad norte, es una zona de confluencia de diversos ambientes, con influencias mediterráneas, cantábricas y europeas, lo que resulta en una diversidad de herpetos casi sin parangón a nivel ibérico. 

El objetivo del estudio era conocer el "microambiente", el hábitat que utiliza cada especie en esta zona y cómo se puede relacionar eso con los cambios ambientales que sucedieron en el pasado, a partir de los fósiles de estas especies que se pueden encontrar en yacimientos como el de Atapuerca, donde trabaja Josep. Por eso en primer lugar agradecerle que nos haya invitado a mí y a mis compañeros Carlos Ortega y Rubén Sánchez a colaborar con él en esta fantástica expedición que ha estado repleta de buenas observaciones y me ha reportado un buen puñado de especies nuevas, muchas de las cuales ardía en ganas de ver. Como resumen decir que hemos visto hasta 11 especies de anfibios y 17 de reptiles, 28 especies en total, de las casi 41 que podíamos haber visto (contando las casi imposibles). 

Aunque debido a la naturaleza del viaje no me he puesto a hacer fotos a cada bicho que se nos cruzaba, he vuelto con un extenso archivo fotográfico y muchas experiencias que os iré contando a lo largo de cuatro entradas breves que pretendo dedicar al viaje: una para anfibios, otra para lagartos y afines, otra para culebras y la última para las víboras. Ya sin más demora, en esta primera entrada, pues, os hablaré de los anfibios que vimos. 

La primera especie nueva para todos la observamos en los arroyos del norte de la provincia, ya cerca del borde con Cantabria, y fue la rana patilarga (Rana iberica). Esta especie se parece mucho a otras ranas pardas, pero puede diferenciarse fácilmente por la longitud de sus patas, como su nombre indica. 

Rana patilarga (Rana iberica)

Rana patilarga (Rana iberica)

Conviviendo con ella se encuentra la rana bermeja (Rana temporaria), esta última mucho más abundante. Pudimos encontrar a la bermeja en muchos más lugares y hábitats, siempre con bastante humedad, mientras la patilarga estaba recluida en unos pocos arroyos de la cantábrica burgalesa.

Rana bermeja (Rana temporaria)

El anfibio más abundante del viaje, sin duda el sapo común (Bufo spinosus), que aquí sí hace honor a su nombre. Pudimos verlo tanto en la zona cantábrica como en la más mediterránea. 

Sapo común (Bufo spinosus)

Sapo común (Bufo spinosus)

El último anuro del que voy a hablar es mi favorito, la preciosa ranita de San Antonio (Hyla molleri). Aunque vimos larvas en varios puntos, a los adultos solamente pudimos observarlos junto a una laguna en una de las noches, y comprobamos que aún estaban encelados y cantando. Aquí podéis ver un pequeño vídeo que grabé, de un macho adulto dejando sorda a una rana común...

Ranita de San Antonio (Hyla molleri)

Ranita de San Antonio (Hyla molleri)
 
Pasando ya a los urodelos, la especie nueva del viaje fue para todos el tritón alpino (Ichthyosaura alpestris). Aunque vimos tanto hembras adultas como a los preciosos machos en celo, con su vientre rojo, no dispongo del material adecuado para afotarlos en condiciones (acuario, etc.) así que solamente os puedo dejar a este ejemplar en el mismo arroyo donde vivía. Tendréis que ir en persona a verlos ;)

Tritón alpino (Ichthyosaura alpestris)

Compartían hábitat con los alpinos los tritones palmeados (Lissotriton helveticus), estos últimos mucho más abundantes, seguramente el urodelo más observado en el viaje. Eran muy comunes en la parte norte, pero también estaban presentes en la sur. 

Tritón palmeado (Lissotriton helveticus) hembra

Tritón palmeado (Lissotriton helveticus) macho

Pudimos ver tanto adultos en fase acuática como algunos juveniles en fase terrestre, a punto de dispersarse tras completar su metamorfosis. 

Tritón palmeado (Lissotriton helveticus) juvenil

Y acabo con otro de mis favoritos, el tritón jaspeado (Triturus marmoratus). Con este sucedía lo inverso que con el palmeado. Aunque estaba tanto en la parte cantábrica como en la mediterránea, abundaba mucho más en ésta. Y con ellos me despido, ¡pronto os traeré la siguiente entrada del viaje!

Tritón jaspeado (Triturus marmoratus) adulto

Tritón jaspeado (Triturus marmoratus) juvenil