viernes, 10 de febrero de 2017

Monfragüe

Esta vez la excursión no ha sido puramente de placer, sino debido a unas prácticas de la carrera. Para poner en práctica lo aprendido en materia de biogeografía y biología de la conservación hemos pasado casi una semana en el Parque Nacional de Monfragüe. Luego a la hora de la verdad en cuanto a prácticas ha habido de todo y para todos los gustos, pero no es de eso de lo que quiero hablar aquí.

El tener que llevar un horario estricto en cuanto a las actividades que hacíamos ha hecho que no tuviéramos demasiado tiempo libre para conocer el parque por nuestra cuenta, ya que no teníamos transporte más allá de nuestras piernas. No obstante, Monfragüe es un paraíso y en cualquier momento y rincón pueden observarse muchas cosas chulas. Así que preparaos para una entrada larga e intensa.

Voy a empezar hablando de los anfibios. Monfragüe es uno de nuestros espacios naturales con mayor diversidad en este grupo de animales, con 11 especies de las cuales conseguimos ver todas menos una, el sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi) que continúa con su resistencia a aparecer, ya caerá. Hemos tenido suerte en este aspecto, ya que nos ha llovido algunas noches y gracias a eso hemos podido ver algunas especies que de lo contrario habrían resultado muy difíciles. Ya en una charca junto a los chozos donde nos alojábamos abundaban los gallipatos (Pleurodeles watl) y los  siempre preciosos tritones pigmeos (Triturus pygmaeus).

Gallipato (Pleurodeles watl)

Tritón pigmeo (Triturus pygmaeus) macho

Tritón pigmeo (Triturus pygmaeus) hembra

También aquí era común una especie nueva para mí, la ranita meridional (Hyla meridionalis). Aunque me parezca algo más bonita su prima la ranita de San Antonio, todas las ranas arborícolas son de mis anfibios preferidos. Durante las noches sus coros llegaban a todas partes.

Ranita meridional (Hyla meridionalis)

Ranita meridional (Hyla meridionalis)

Ranita meridional (Hyla meridionalis) cantando

Voy a hacer aquí un pequeño inciso para agradecer a todos los amigos y amigas que nos acompañaron a mí y a otros compañeros naturalistas en las noches a la búsqueda de anfibios. He de decir que una de las cosas que más me gusta hacer es quizá mostrar nuestros tesoros naturales a gente que no los conoce y ver como al final acaban apreciándolos. Siguiendo con las especies vistas, pudimos observar un ejemplar de sapo común (Bufo spinosus) de apreciable tamaño. Aunque para mí es una especie habitual, el mayor de nuestros anfibios triunfó entre varios amigos que lo veían por primera vez. Además vimos varios sapos corredores y ranas comunes que por lo abundantes que son en todas partes no me molesté en fotografiar.

Sapo común (Bufo spinosus)

Otra especie muy común por todos los puntos de agua era el tritón ibérico (Lissotriton boscai). Estos pequeños urodelos estaban en fase acuática y en algunos pilones con aguas transparentes pudimos observar cómodamente su comportamiento, incluyendo el curioso cortejo. Otra preciosidad de anfibio nuevo para todos.

Tritón ibérico (Lissotriton boscai)

Pasando ya a especies más rarunas, en las noches de lluvia pudimos ver bastantes sapos de espuelas (Pelobates cultripes), que como muchos sabréis son muy poco habituales en Valencia, con lo que siempre es un placer observarlos, con esa cabeza tan curiosa y sus enormes ojos saltones.

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Y en las proximidades del Arroyo de Malvecino pudimos observar la primera noche dos preciosas hembras de salamandra común (Salamandra salamandra bejarae) de gran tamaño y con las manchas rojas típicas de esta subespecie y otras parecidas. Tengo una debilidad especial por esta especie así que creo que fue el anfibio que más ilusión me hizo verlo, aunque no sean una especie nueva.

Salamandra común (Salamandra salamandra bejarae)

Salamandra común (Salamandra salamandra bejarae)

Y la última especie la sacamos de pura chiripa, un adulto de sapo partero ibérico (Alytes cisternasii) que cruzó el camino cerca también del arroyo. Aunque parecido al partero común que tenemos en Valencia, este tenía un aspecto más rechoncho y unas motitas rojas que al principio me parecieron ácaros pero según he visto son típicas de esta especie.

Sapo partero ibérico (Alytes cisternasii)

Dejemos ya a los anfibios y pasemos a las grandes protagonistas de Monfragüe, las aves. Debido a estar de prácticas no hubo mucho tiempo para dedicar al pajareo como a mí me hubiera gustado, pero aun así pude ver a placer a los abundantes buitres leonados (Gyps fulvus), que estaban enfrascados en la construcción de sus nidos, y también a los negros (Aegypius monachus), pero éstos más lejos.

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre negro (Aegypius monachus)

La estrella del parque es el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Durante unas horas que estuvimos en la Portilla del Tiétar, en teoría censando nidos de buitre, pudimos observar a placer a la pareja en sus vuelos de marcaje, atacando a los buitres y llevando también material a su nido.

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Otras aves vistas fueron los rabilargos, algunos pequeños pájaros o los siempre preciosos milanos reales (Milvus milvus).

Milano real (Milvus milvus)


De mamíferos me sorprendió la total ausencia de conejos, las enfermedades deben haber hecho mella en ellos y las águilas no deben estar pasándolo muy bien. En cambio pudimos ver una bonita comadreja (Mustela nivalis) justo cuando no tenía la cámara a mano. Y los abundantísimos ciervos (Cervus elaphus) que además eran muy confiados. 

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)


Durante una de las noches pudimos ver un pequeño combate entre dos machos, sencillamente espectacular el ruido que hacían al trabarse en sus cornamentas.

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)


Y hasta aquí las fotos. Esta debe ser de las entradas más largas del blog, así que gracias si habéis llegado hasta aquí. Desde aquí agradecer a tantos amigos y amigas que me han acompañado en este viaje, en especial a Juanjo, Claudia, Pablo, Marian, Carlos, Clara, Mavi, y muchos otros compañeros que no por no mencionarlos son menos importantes. Esperemos repetir un viaje así muy pronto, ¡y viva la biología de bota!


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