miércoles, 6 de septiembre de 2017

Final del Verano

Ya en Septiembre, el fin del verano se acerca, época de cambio para nuestra naturaleza, y en este caso también para mí. En pocos días dejaré Valencia para trasladarme por estudios a Salamanca, por lo que esta será la última entrada en la que el blog haga honor a su nombre en mucho tiempo. Igual debería cambiarle el nombre, pues últimamente estoy mostrando escenas naturales de muchos puntos de Iberia, no solamente del área levantina. No obstante para no marear a mis lectores lo mantendré.

Esta entrada igualmente sí estará centrada en mis observaciones naturalistas de las últimas semanas por mi zona habitual de veraneo en el interior valenciano. Empiezo como siempre por los insectos, con especies diurnas comunes pero interesantes como la mariposa chupaleches (Iphiclides feisthamelii). Y entre los odonatos, con una especie nueva, Sympetrum sinaiticum, encontrada muy cerca de mi pueblo. 

Chupaleches (Iphiclides feisthamelii)

Macho de Sympetrum sinaiticum

Pasando a insectos más nocturnos, las arañas son las protagonistas indiscutibles. Entre ellas destaco a dos interesantes migalomorfos, la familia de las verdaderas tarántulas. La primera es una pequeña araña trampera de la familia Nemesidae, seguramente Nemesia o Iberesia, difícil de clasificar sin lupa. La segunda, quizá nuestra especie más espectacular, la grande y agresiva Amblyocarenum walckenaeri.   

Macho de Nemesidae sp.

Macho de Amblyocarenum walckenaeri

Macho de Amblyocarenum walckenaeri

De entre los herpetos, los anfibios han despertado fuertemente con las últimas lluvias de su letargo estival. Los juveniles de gallipato (Pleurodeles watl), que completaron su metamorfosis a principios de verano, emergen ahora de entre las grietas del barro seco de las charcas para empezar su dispersión en busca de nuevos puntos favorables. Todavía algunas larvas persisten en la poca agua que queda, pronto realizarán su metamorfosis. Los adultos continúan su letargo en espera de que las charcas se llenen.

Gallipato (Pleurodeles watl) juvenil, emergiendo de su refugio

Gallipato (Pleurodeles watl) juvenil

Gallipato (Pleurodeles watl), larvas

Sin embargo, los sapos de espuelas (Pelobates cultripes), más precoces, ya han iniciado un nuevo celo, tal vez prediciendo la llegada de nuevas precipitaciones. He podido observar numerosos adultos esta última semana, y también algún juvenil que como los gallipatos completó este año su metamorfosis.

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Siempre un placer observar esta especie tan interesante, de la que poco a poco voy aprendiendo cosas sobre su ciclo y costumbres. Acabo con un bonito sapo corredor (Epidalea calamita) que rescaté de una alberca. 

Sapo corredor (Epidalea calamita)

Pasando a las aves, en esta época los llanos de Camporrobles son un buen lugar para detectar numerosas especies en migración. Entre las residentes mejor o peor fotografiadas puedo citar alcaudones comunes (Lanius senator), culebreras (Circaetus gallicus) o un joven halcón peregrino (Falco peregrinus) que pudimos ver devorando una paloma en mitad de un campo de cereal.

Alcaudón común (Lanius senator)

Culebrera (Circaetus gallicus)

Halcón peregrino (Falco peregrinus) juvenil

Pero sin duda el protagonista en esta época de los llanos es un limícola poco habitual en muchas partes de Iberia, que sin embargo en esta zona aparece todos los años en escaso número, aunque no siempre consigo dar con él. Hablo del chorlito carambolo (Charadrius morinellus). Tuve la suerte de detectar un bando de cinco ejemplares en un campo baldío.

Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)

Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)

Estos limícolas anidan en zonas remotas de la tundra donde tienen poco contacto con seres humanos, y por ello se muestran bastante confiados a la hora de observarlos y fotografiarlos, mientras rebuscan por los campos en busca de pequeños insectos. No se quedan muchos días, y enseguida reenprenden su viaje rumbo al norte de África, aunque algunos se quedan en nuestro país, en zonas como Albacete, durante todo el invierno. 

Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)

Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)

Y con otra toma más de este bonito pájaro acabo la entrada. A partir de ahora el blog dará un giro pasando de levante a poniente, para mostraros la naturaleza del occidente ibérico, que seguro que será muy interesante. Nos vemos pronto en la siguiente entrada.



miércoles, 30 de agosto de 2017

De nuevo por la Serranía

Esta semana pasada he tenido la suerte de poder regresar durante un par de jornadas a ese paraíso para el naturalista que es la alta Serranía de Cuenca. Un lugar que sigue deparando sorpresas cada vez que lo visito, y que seguro que aún tiene muchos tesoros sin desvelar. Sin duda uno de mis rincones favoritos de la naturaleza ibérica.

Mi objetivo (o excusa) principal era poder detectar algunas especies de odonatos montanos que resultan muy escasas en la Comunidad Valenciana y aún no había podido observar. La primera jornada, soleada y en solitario, se saldó con bastante éxito, mientras que la segunda, en compañía de mis amigos Iván Moya, Víctor París y Juanjo García resultó lluviosa y no muy fructífera en odonatos. Sin embargo fue en esta en la que pudimos ver en condiciones a un curioso endemismo de estas tierras, la mariposa montañesa zapaterina (Erebia zapateri), muy abundante en algunos prados.

Montañesa zapaterina (Erebia zapateri)

Esta especie es exclusiva de los Montes Universales en el Sistema Ibérico meridional, y como todas las de su género, es una especie montana. Un pequeño tesoro de nuestra naturaleza.

Montañesa zapaterina (Erebia zapateri)

Acompañaban a las zapaterinas en las matas de lavandas unas pequeñas zigenas de la especie Zygaena fausta, que eran incluso más abundantes que las propias mariposas. Podemos decir que había una en cada flor.

Zygaena fausta

Antes de pasar al plato fuerte con los odonatos hablaré de los pocos vertebrados que se dejaron ver. Entre las aves, las rapaces estuvieron representadas por observaciones bastante lejanas de águilas calzadas, abejeros, ratoneros y buitres. También pude ver gracias a mi telescopio cómo un alcotán atrapaba en el aire a una alondra, sencillamente espectacular. Todo ello, sin embargo, se quedó sin foto. Sí pude afotar testimonialmente a algunos de los muchos mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) que andaban por allí en paso.

Mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus)

Entre los herpetos estuve buscando víbora hocicuda a primera hora en una zona propicia que conozco, pero no tuve la suerte de que apareciera. En su ausencia, pude ver una culebra lisa meridional (Coronella girondica), especie muy abundante aquí. 

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

También se dejó ver otro reptil típico de la Serranía, el lagarto ocelado (Timon lepidus), del que pude fotografiar un confiado ejemplar.

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Pasemos ya al meollo de la cuestión, las libélulas. Podemos encontrar aquí algunas especies típicamente centroeuropeas que en nuestra península se restringen a cotas altas de montaña. Estas fechas resultan de las mejores para observarlas. Su hábitat típico, prados encharcados y turbosos a media o gran altitud. 

Sabinares rastreros y turberas de la Serranía, hábitat privilegiado para odonatos

La primera especie que pude ver fue la Sympetrum striolatum. Esta especie no es tan alpina y resulta abundante en otoño en casi cualquier lugar. Sin embargo, todavía no la había fotografiado en condiciones. Su tórax con fuerte contraste entre rojo y amarillo la separa de especies similares.

Macho de Sympetrum striolatum

Empezando ya con especies montanas, la más abundante fue Sympetrum sanguineum. Esta pequeña libélula de tonos rojo sangre (de ahí su nombre) se identifica con facilidad por sus patas enteramente negras.

Macho de Sympetrum sanguineum

Macho de Sympetrum sanguineum

Otra Sympetrum algo menos común fue Sympetrum flaveolum. Sus alas tintadas de amarillo son la mejor baza para identificarla. No conseguí dar con la tercera especie de Sympetrum y la más rara de todas, Sympetrum vulgatum ibericum, un raro endemismo peninsular.

Macho de Sympetrum flaveolum

Macho de Sympetrum flaveolum

Sin embargo la libélula más espectacular y mi principal objetivo se dejaría ver muy bien durante la primera jornada. Hablo de la gran Aeshna juncea, una libélula habitual en muchas zonas del norte de Europa pero muy rara en España y restringida a unas pocas zonas montañosas donde poco a poco se están descubriendo poblaciones. El llamativo macho patrullaba de forma incansable las turberas, expulsando a sus competidores y sin posarse ni una sola vez, por lo que tuve que improvisar una foto en vuelo.

Macho de Aeshna juncea

Las hembras en cambio apenas volaban, sino que se dedicaban a depositar sus huevos ocultas entre la vegetación ribereña. Sin embargo levanté sin querer a una de ellas que se posó en un pino cercano, permitiéndome verla a muy corta distancia. Preciosos sus ojos ambarinos.

Hembra de Aeshna juncea ovopositando

Hembra de Aeshna juncea

Y hasta aquí la entrada. Espero poder regresar en primavera a este paraíso y descubrir algunos de los secretos que todavía me faltan (esa mariposa isabelina...). No tardaré mucho en volver por aquí con muchas más especies interesantes, hasta entonces esta bonita libélula se despide de todos vosotros. ¡Hasta pronto amigos!


viernes, 25 de agosto de 2017

Las joyas del verano

Los meses centrales del verano no son las mejores fechas para la observación de fauna. Pasado el órdago primaveral, muchos animales se muestran activos únicamente durante las primeras horas del día, obligando al naturalista a madrugar si quiere observar reptiles o aves, por ejemplo. Otros como los anfibios directamente desaparecen hasta la llegada de las lluvias otoñales. 

Por ello, en verano es conveniente centrar la atención en otros grupos, y en mi caso he dedicado varias jornadas a la observación y fotografía de odonatos. Estos insectos no solamente se muestran activos incluso en las horas más tórridas del verano, sino que presentan la ventaja de ser muy confiados con el observador, lo que permite entretenerse con su comportamiento y las fases de su curioso ciclo vital. Por ello he querido dedicarles esta pequeña entrada. 

Entre los sitios que he recorrido en busca de libélulas y caballitos destaca la Laguna de Talayuelas, que además de ser un paraíso herpetológico también lo es para los odonatos. La especie más común, como en casi toda la península, Sympetrum fonscolombii. Además también es la que más se aleja del agua. 

Hembra de Sympetrum fonscolombii

Hembra de Sympetrum fonscolombii

Otra especie frecuente aquí es Crocothemis erythraea, la "libélula escarlata"*, con esos preciosos machos de color carmín. Las hembras son menos llamativas, pero más confiadas.

Macho de Crocothemis erytrhaea

Hembra de Crocothemys erythraea

Otras de las "libélulas flecha" (familia Libellulidae) que se encuentran aquí y en sitios cercanos son las azules del género Orthetrum. Concretamente he fotografiado las especies O. coerulescens y O. brunneum. Este año he notado que han sido más escasas, a diferencia de la originaria de África O. chrysostigma. Igual es sólo impresión mía...

Macho de Orthetrum coerulescens

Macho de Orthetrum brunneum

Pasando a los caballitos, resultan más difíciles de fotografiar por su pequeño tamaño, aún así pude ver varias especies e incluso alguna cópula con su romántica forma acorazonada. 

Macho de Lestes barbarus

Macho de Ischnura graellsi

Cópula de Ischnura graellsi

Trasladémonos a los arroyos del municipio valenciano de Chera, donde junto a mis amigos Pablo Ruiz y Juanjo García pudimos ver las dos especies de grandes odonatos que dominan nuestros ríos. En este caso fueron dos hembras, que seguramente tras poner sus huevos cayeron al agua. Eso nos permitió rescatarlas y ya de paso tomar algunas fotos de estas esquivas libélulas, que raramente se posan. Empiezo con la "libélula de anillos de oro" Cordulegaster boltonii.

Hembra de Cordulegaster boltonii

Hembra de Cordulegaster boltonii

Esta especie además de bonita es un buen indicador de la calidad de nuestros ríos. Las hembras son nuestros mayores odonatos si miramos su longitud, aunque hay especies algo más robustas (Anax sp.). No suelen dejarse ver tan de cerca.

Hembra de Cordulegaster boltonii

La otra especie que vimos fue cómo no la "libélula fantasma" Boyeria irene. Esta especie huye del sol y sustituye a la Cordulegaster durante la noche y en los tramos más sombreados, donde patrulla siempre muy pegada a la orilla, mirando cuevas y recovecos. Sus colores de camuflaje la hacen muy discreta.

Hembra de Boyeria irene

Hembra de Boyeria irene

Hembra de Boyeria irene

Y para acabar volvamos a la Laguna de Talayuelas donde pude observar una preciosa especie que además es una novedad para mí, la elegante y llamativa Aeshna affinis. Los ésnidos (Aeshnidae), familia a la que pertenece esta especie, no suelen posarse, pero tuve suerte de pillar a este macho a primera hora de la mañana mientras aún estaba desperezándose. Fijaos en los fantásticos ojos azules de esta brillante especie.

Macho de Aeshna affinis

Macho de Aeshna affinis

Y esto es todo, en la próxima entrada regreso a uno de mis lugares favoritos para campear, donde las libélulas volverán a tener parte del protagonismo con varias poco habituales especies montanas. Os dejo con otro gran amante de los odonatos (aunque por otros motivos más gastronómicos) la gran araña Argiope bruennichi. ¡Pronto, más y mejor!



*Nota: Los Odonatos a día de hoy no disponen de nombres oficiales en Castellano, por ello todos los nombres vulgares que utilizo, inspirados en los nombres en inglés o en otros que extraoficialmente se utilizan o me gustan por algún motivo, los pongo entrecomillados.