domingo, 2 de octubre de 2016

Herpeteando por Cataluña: Pirineos, Ripollés y Garrotxa

¡Hola de nuevo a todos! Os traigo ahora la segunda parte de la crónica del viaje que realizamos hace un par de semanas por la mayor parte de la Cataluña nororiental. Tras abandonar el Montseny con buen sabor de boca encaminamos nuestros pasos hacia el Pirineo, concretamente buscábamos una zona entre las comarcas del Ripollés y la Cerdanya donde hay constancia de la presencia del lagarto ágil (Lacerta agilis), el que probablemente sea el reptil más escaso de la península. 

Un par de paradas por el camino en un bonito valle resultaron poco productivas excepto por mi fugaz visión de una serpiente de gran tamaño que se ocultó rápidamente en unos zarzales. Atendiendo a la zona,muy probablemente se trataba de una culebra verdiamarilla (Hierophis viridiflavus), otro de los objetivos estrella. Desgraciadamente no volvió a salir. 

Supuesto hábitat de Lacerta agilis, con la Sierra de Cadí al fondo

Llegamos pues a los prados montanos y nos pusimos a buscar el esquivo lagarto. Quizá un objetivo demasiado ambicioso, el de ver el anfibio y el reptil más raros de España en un mismo viaje, pues por mucho que buscamos en varias zonas no conseguimos ver ningún ejemplar. Únicamente se dejaron ver algunas lagartijas roqueras y un ratón de campo (Apodemus sylvaticus). Comprobamos que la zona tiene una elevada carga ganadera y varias estaciones de esquí, y todo esto no debe haber venido muy bien al lagarto.

Ratón de campo (Apodemus sylvaticus)

Ya de noche, paramos en el mismo valle que a la ida, esta vez junto a un arroyo con la esperanza de ver algún anfibio que nos resarciera un poco del fracaso con el lagarto. Y esta vez tuvimos algo más de suerte, pues conseguimos ver dos adultos y algunas larvas de tritón pirenaico (Calotriton asper).

Tritón pirenaico (Calotriton asper)

Este habitante exclusivo de los arroyos pirenaicos está estrechamente emparentado con el tritón del Montseny y su tamaño es similar, pero se distingue por su coloración más clara, por la línea que tiene en el dorso y por ser también más robusto de formas. Una observación que nos levantó el ánimo después de un día duro y bastante flojo pese a los bellos paisajes de la región.

Tritón pirenaico (Calotriton asper)

Tritón pirenaico (Calotriton asper)

Esta especie me recuerda a nuestros gallipatos, pues a pesar de habitar en medios bien distintos comparten ese aire "primitivo". Se puede ver como las larvas del tritón pirenaico, a diferencia del gallipato por ejemplo, tienen las branquias pequeñas ya que viven en aguas muy oxigenadas. 

Larva de tritón pirenaico (Calotriton asper)

En el mismo torrente pudimos ver además una bonita rana bermeja (Rana temporaria) de color amarillento. 

Rana bermeja (Rana temporaria)

Y pasando a los insectos, en un muro cercano encontré un ejemplar del cárabo violáceo (Carabus violaceus), escarabajo cazador de gran tamaño y con unos brillos espectaculares. Tenía esperanzas también de ver algún ave típica pirenaica durante el día, pero no quisieron aparecer.

Cárabo violáceo (Carabus violaceus)

Cárabo violáceo (Carabus violaceus)

Al día siguiente nos encaminamos a la comarca de la Garrotxa con la esperanza de tener algo más de suerte, pero la mañana resultó igualmente decepcionante (únicamente una salamanquesa y un par de neonatos de lagarto ocelado). Aun así, pudimos disfrutar del paisaje volcánico (aunque se me pasó tomar fotos). Ya muy cansados después de un día y medio sin apenas ver cosas, decidimos probar suerte en una remota zona entre Ripollés y Garrotxa que nos recomendaron. Nada más llegar encontramos una alberca de la cual rescatamos una hembra de lagarto ocelado (Timon lepidus). Nos extrañó ver a este animal en una zona eurosiberiana y no encontrar en cambio ningún lagarto verde (Lacerta bilineata), ¿efectos del calentamiento global?

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Seguimos la carretera bastante extrañados, pues estábamos viendo especies típicamente mediterráneas, como las que tenemos en Valencia, en zonas donde deberían estar las eurosiberianas que eran más lo que habíamos venido a buscar. Para colmo, empezó a llover con ganas y prácticamente perdimos la esperanza de ver ningún reptil. Intentando consolarnos con algún anfibio (que la verdad, se portaron mejor durante todo el viaje) paramos cerca de un torrente. Y llegó la sorpresa, pues nuestro compañero Miguel atisbó la presencia de una serpiente, y resultó ser nada menos que una víbora áspid (Vipera aspis), una de las "especies estrella" que llevábamos buscando todo el viaje.

Víbora áspid (Vipera aspis)

Nos extrañó bastante encontrar a este reptil activo en mitad de la lluvia, pero al parecer no es una conducta extraña en las víboras, pues se ha observado en más de una ocasión. ¿Por qué lo hacen? Pues ni idea, tal vez por que se les inundan sus refugios, o para capturar los anfibios y micromamíferos que están más activos cuando llueve.

Víbora áspid (Vipera aspis)

La víbora áspid es la mayor de las víboras ibéricas y también la que presenta un veneno más potente (es el animal más venoso de España). No obstante, como todas las víboras, esta resultó ser un animal muy tranquilo y poco agresivo. Además, preciosa, también como todas las víboras.

Víbora áspid (Vipera aspis)

A primera vista puede parecerse a la víbora hocicuda (Vipera latastei) pero tiene el hocico menos elevado y con dos escamas apicales en lugar de tres, sus ojos son de un dorado más intenso y presenta una línea gruesa en el dorso. Además, este ejemplar presentaba el final de la cola de color amarillo, pues la emplean como señuelo para atraer a sus presas.

Víbora áspid (Vipera aspis)

Ahora sí, más animados, continuamos nuestro camino. Cerca de una charca pudimos ver la última rana bermeja (Rana temporaria) del viaje, y a un adulto de sapo partero (Alytes obstetricans) con el color oscuro típico de la subespecie almogavarii.

Rana bermeja (Rana temporaria)

Sapo partero común (Alytes obstetricans almogavarii)

La noche la pasamos carrileando por los hayedos intentando ver alguna salamandra, pero sin suerte, a pesar del tiempo lluvioso favorable. Al día siguiente, ya el último, bajamos hacia los humedales del Plá de l'Estany con la esperanza de tener una nueva oportunidad con los dos tritones que nos habían dado esquinazo todo el viaje, el jaspeado (Triturus marmoratus) adulto, y el palmeado (Lissotriton helveticus). Finalmente vimos una especie nueva, pero no fue ningún tritón, sino el sapillo pintojo mediterráneo (Discoglossus pictus) del que vimos tres juveniles. 

Sapillo pintojo (Discoglossus pictus)

Esta especie es originaria del magreb y de introducción antigua, aunque actualmente se encuentra en expansión en Cataluña, hasta el extremo de desplazar a la rana común (Pelophylax perezi). Su aspecto es similar el del pintojo ibérico (D. galganoi) que llevo tiempo buscando en mi zona, pero con el tímpano visible.

Sapillo pintojo (Discoglossus pictus)

Antes de irnos veríamos también dos galápagos europeos (Emys orbicularis). Cada vez cuesta más ver a esta especie en libertad debido a la competencia con las tortugas invasoras (Trachemys sp. principalmente). Justamente había bastante galápagos de florida de buen tamaño en el mismo canal.

Galápago europeo (Emys orbicularis)

Y el último herpeto del viaje fue también inesperado, un precioso juvenil de culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora) que iba derecha hacia el canal infestado de tortugas floridanas. La movimos un poco hacia otra charca y seguramente le salvamos la vida.

Culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora)

Como siempre imposible no maravillarse con esta especie tan escasa en mi tierra, una serpiente preciosa.

Culebra de collar ibérica (Natrix astreptophora)

Y hasta aquí el viaje y la crónica. Esta entrada y la anterior están dedicadas a Josep Bisbal, David Candel, Carlos Ortega y Miguel Cervera. Sin vosotros este viaje no hubiera sido posible, así que gracias por todo, ¡y por muchos más! Acabo con dos fotos de los verdes bosques catalanes después de la lluvia, en el mismo sitio donde encontramos la hermosa víbora áspid.