domingo, 14 de agosto de 2016

Serranía de Cuenca, remate

Hace ya casi un mes que volví a pasar un par de días por la Serranía alta de Cuenca. Concretamente, nos juntamos cuatro naturalistas con el objetivo de cumplir algunas cuentas pendientes que nos faltaron en la anterior salida, principalmente encontrar una ranita de San Antonio (Hyla molleri) adulta, y como siempre disfrutar de los magníficos paisajes y biodiversidad de este lugar.

Como hace algo de tiempo de esto que os cuento, no voy a seguir un orden cronológico como suelo hacer, sino que iré contando lo que vimos juntando especies y ejemplares de los mismos grupos de animales o plantas.

Nos centramos en la Sierra de Valdemeca, uno de los mejores enclaves de la zona, cubierta de densos bosques de pino negral y pino silvestre, entre los que se intercalan reductos de roble albar y melojo y prados abiertos con algunas charcas donde buscamos la ranita. Sin embargo, no encontramos ningún adulto en ellas, aunque estaban repletas de juveniles recién metamorfoseados.

Prado húmedo en la Sierra de Valdemeca

Ranita de San Antonio (Hyla molleri) juvenil

Ranita de San Antonio (Hyla molleri) juvenil

Ranita de San Antonio (Hyla molleri) juvenil

Del resto de anfibios pudimos observar durante los dos días que pasamos en el campo a un simpático adulto de sapo partero (Alytes obstetricans pertinax) y varios juveniles de sapo corredor (Bufo calamita). 

Sapo partero (Alytes obstetricans)

Sapo corredor (Bufo calamita)

No me entretuve mucho con la flora, sobre todo a la hora de hacer fotos, así que solamente os dejaré un detalle de la orquídea Epipactis palustris

Epipactis palustris

Siguiendo con la pequeña fauna, entre los invertebrados pudimos disfrutar de algunas especialidades de montaña, destacando una de nuestras mariposas más llamativas, la pavo real (Inachis io) que en ambientes mediterráneos se restringe a zonas húmedas de montaña. Y entre los odonatos, os muestro esta libélula de anillos de oro (Cordulegaster boltonii), que tenía un ala atrofiada. De lo contrario, habría sido difícil pillarla, pues esta gran especie patrulla los arroyos volando sin descaso.

Pavo real (Inachis io)

Libélula de anillos de oro (Cordulegaster boltonii)

Y para acabar con los invertebrados, vimos una araña muy especial, una hembra de Eressus cf. kollari. Esta especie se caracteriza por el llamativo diseño rojo del macho, pero las hembras también son curiosas por sus grandes quelíceros y su agresividad, levantando las patas anteriores para parecer mayor.

Hembra de Eressus cf. kollari


Pasando a los reptiles, destacó como en la anterior ocasión el lagarto ocelado (Timon lepidus), que presenta una enorme abundancia en esta serranía. Seguramente la baja densidad de población y la abundancia de refugios en estas zonas calizas ayuden a ello. Además, faltan aquí otras especies de lagartos mejor adaptados a zonas de montaña, como el verdinegro, y esto permite al ocelado explotar todos los nichos. Atención a la coloración inusualmente pálida del primer ejemplar.

Lagarto ocelado (Timon lepidus) juvenil

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Entre las serpientes, no tuvimos la suerte de la anterior salida con la víbora, pero pudimos ver una culebra lisa meridional (Coronella girondica) otra especie abundante aquí.

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

Con las rapaces tuvimos mucha más suerte que la otra vez, pues además de los omnipresentes buitres pudimos ver de cerca un alimoche (Neophron percnopterus),  así como varios ratoneros (Buteo buteo) y milanos negros (Milvus migrans). En concreto para el alimoche la Serranía es también un importante enclave, con gran densidad de parejas.

Alimoche (Neophron percnopterus)

Alimoche (Neophron percnopterus)

Ratonero (Buteo buteo)

Milano negro (Milvus migrans)

Y acabo con nuestro objetivo principal, la ranita de San Antonio adulta. Tras dos días enteros buscándola día y noche por enclaves presuntamente propicios, no conseguíamos verla. Ya el último día, estábamos ya cansados y andando de vuelta al coche para irnos cuando se obró uno de esos milagros que a veces ocurren en la naturaleza. Al pasar por un prado, comenzó a llover con intensidad aunque no mucha fuerza, y de repente como el que no quiere la cosa, un precioso adulto de ranita apareció de la nada y saltó, literalmente, sobre el pie de mi amigo Pablo. No soy muy dado a creer en fenómenos sobrenaturales, pero que tras dos días buscándola aparezca este animal en el último momento y de esta manera... Lo dejaremos en casualidad.

Ranita de San Antonio (Hyla molleri)

En el adulto, además de ser un anfibio precioso (mi favorito entre los anuros) se aprecian con mayor facilidad las ventosas en los dedos que le permiten trepar, así como la banda negra que va desde los ojos a las patas traseras y la diferencia de la ranita meridional (Hyla meridionalis).

Ranita de San Antonio (Hyla molleri)

Y ya para acabar, os dejo este panorama de uno de los muchos rincones pintorescos de este parque natural, la Hoya de Peñarrubia, en la Sierra de Valdemeca, con esos pinares recubiertos de helechos... No sin antes mencionar a los naturalistas que me acompañaron en esta aventura, todos nosotros blogueros de naturaleza, así que podréis ver en sus blogs otras versiones de la misma: Antonio Gómez, Carlos Ortega y Pablo Vicent. ¡Nos vemos dentro de poco! Espero...