domingo, 3 de julio de 2016

Por la alta Serranía de Cuenca

Esta entrada va a ser quizá algo más larga de lo habitual en este blog, pero la ocasión lo merece. Hace poco tuve la suerte de pasar un par de días en la Serranía de Cuenca, en buena compañía, con objeto de disfrutar de su fauna, su flora y sus magníficos paisajes. La Serranía es, en mi opinión, una de las zonas naturales más bellas de España; agreste, solitaria y poco poblada; en ella pueden encontrarse aún muchos paisajes y animales escasos en otros lugares.

Y entre esas especies animales había unas cuantas que ardíamos en deseos de poder ver. Entre ellas cuatro herpetos: la ranita de san antonio (Hyla molleri), el sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi), la culebra lisa europea (Coronella austriaca) y la víbora hocicuda (Vipera latastei), todas ellas especies raras o directamente ausentes en Valencia. Además, yo tenía la esperanza de poder ver también a la emblemática mariposa isabelina (Graellsia isabelae), considerada la más bella de Europa y declarada además mariposa del año por la asociación Zerynthia

En verdad todas estas especies son solo la excusa para pasar unos días en este fantástico lugar disfrutando de cuanto bicho o planta se nos cruce, o sencillamente de sus embriagadores paisajes, que te hacen sentirte en un lugar realmente vivo.

Laguna del Marquesado

Nuestro primer destino fue la Laguna del Marquesado, cerca del pueblo del mismo nombre. Se trata de un humedal natural de montaña, formado por un represamiento calcáreo en un arroyo. Aquí confiábamos en poder ver los dos anfibios objetivo. Antes de llegar a la misma paramos el coche para observar un ratonero (Buteo buteo) que no tardó en volar lejos. Pero la parada no fue en balde, pues bajo una piedra encontramos un precioso ejemplar de araña lobo o tarántula ibérica (Lycosa hispanica).

Tarántula ibérica (Lycosa hispanica)

Esta enorme hembra presentaba unos tonos anaranjados muy marcados que además de llamativos sirven para diferenciarla de la otra Lycosa de nuestra fauna, L. fasciventris, más común en la costa levantina. Una araña tan grande puede intimidar, pero es un bicho muy tranquilo y es raro que pique, y cuando lo hace no supone más daño que el que haría una avispa, por ejemplo.

Tarántula ibérica (Lycosa hispanica)

Animados tras este encuentro fuimos directos hacia la laguna. Y fue precisamente poco después de llegar cuando avistamos una diminuta ranita de San Antón (Hyla molleri), del tamaño de una uña, que en dos saltos desapareció entre los juncos, tornándose invisible y dejándonos decepcionados, pues solo dos de nosotros la vimos y muy brevemente. Mientras buscábamos más ejemplares pudimos disfrutar de una culebra lisa meridional (Coronella girondica), especie que siempre se agradece ver, y de algunas orquídeas que crecían en abundancia en las riberas. 

Culebra lisa meridional (Coronella girondica)

Dactylorhiza fuchsii

Anacamptis pyramidalis

Mientras rodeábamos la laguna pudimos ver también un ejemplar del invasor cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus). Entristece comprobar como pueden encontrarse invasores incluso en lugares tan remotos como estos. Seguramente se introducirían tiempo atrás por los lugareños como forma de subsistencia;  la vida era y es dura en estos pueblos serranos.

Cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus)

Es la Serranía de Cuenca uno de los mejores sitios ibéricos para ver mariposas, y durante nuestra visita pudimos ver una de mis favoritas, la ninfa de los arroyos (Limenitis reducta). Es una especie montana, con unos tonos azules brillantes en su cara superior, que se tornan rojizos por debajo.  Las larvas se alimentan de madreselvas (Lonicera). Preciosa es poco.

Ninfa de los Arroyos (Limenitis reducta)

Algo desanimados sin embargo nos encontrábamos al terminar de rodear el humedal sin hallar ninguna ranita. Decidimos mirar una vez más el primer lugar antes de movernos hacia nuestro siguiente destino, y ahí estaba. Un precioso metamórfico de ranita de San Antonio (Hyla molleri). En mi opinión, el más bonito de nuestros anuros. 

Ranita de San Antonio (Hyla molleri) metamórfico

Aunque las ranas arborícolas (Hilidae) son la familia de ranas más numerosa de todas, en España solo tenemos dos especies, y ninguna de ellas se presenta en la Comunidad Valenciana. Su aspecto es puramente tropical, parecería más probable asociarlas a alguna selva húmeda centroamericana que nuestras lagunas de montaña. Y sin embargo son muy nuestras. Entre sus "curiosidades" destacan la capacidad de cambiar de color (o eso he leído) y sus ventosas de los dedos que emplean para trepar por la vegetación.

Ranita de San Antonio (Hyla molleri) metamórfico

A pesar de buscar un poco más, no conseguimos dar con el adulto. Una excusa, pues, para volver a esta hermosa laguna. Nuestro siguiente destino, tras pasar el tórrido mediodía al frescor de uno de los muchos ríos de la Serranía, era el municipio de Valdemeca. 

Vista de Valdemeca y su valle

Allí rastreamos algunas fuentes sin éxito en busca de anfibios. No tardamos en encontrar una ladera con buen aspecto para servir de hábitat a nuestro reptil más amenazado: la víbora hocicuda. Poco a poco fuimos encontrando indicios de su presencia: lagartijas, un ratón de campo, muros de piedra seca, matorrales. Todo era ideal para ellas, y finalmente apareció. Un precioso macho subadulto de víbora hocicuda (Vipera latastei).

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Permitidme que me detenga un poco en este animal. Estamos quizá ante el animal que, junto al lobo, ha sido más denostado, perseguido y a la vez temido por el hombre de entre los que campan por los páramos ibéricos. ¿Merece la víbora la persecución de la que ha sido objeto, y la que todavía sufre? 

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

El hombre ha hecho de la víbora un proscrito, una criatura que antaño debió ser común en toda la península y que actualmente se refugia en las montañas más remotas, donde viven pocos hombres y nadie se la puede encontrar. La víbora puede ser peligrosa, sí, sobre todo para el hombre imprudente que trate de molestarla; pero más lo ha sido el hombre para la víbora. No hay que temer a este magnífico animal, merece el mismo respeto que cualquier otra obra de la naturaleza. 

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Mirad esos ojos dorados, esas escamas plateadas. Belleza en estado puro, y cada vez más rara. Hay que ser realmente afortunado hoy en día para encontrar a este animal, y realmente desafortunado, todo hay que decirlo, para ser mordido. Y poco se habla de la conservación de esta especie, a nadie le interesa preocuparse por el animal con peor fama de toda nuestra fauna. Desde aquí pido a quien pueda oírme que no la dejemos desaparecer.

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

A pesar de su siniestra reputación, mi primera víbora me pareció un animal tremendamente noble. Mucho más, por ejemplo, que las inofensivas culebras de escalera, que muerden continuamente. La víbora ni tan siquiera abrió la boca, y apenas soltó un leve bufido. Sus movimientos eran lentos, parsimoniosos. Infundía respeto, pero no temor. 

Son las víboras hocicudas animales solitarios, que se alimentan principalmente de roedores, lagartijas y pájaros, a los que capturan al acecho propinando una mordida rápida y esperando a que su veneno acabe con la presa. Tras ello la engullen. Las hembras, a diferencia de otros reptiles, paren crías vivas, de ahí su nombre (Vipera).

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Tras esta magnífica experiencia nos dirigimos a otro paraje de Valdemeca, el denominado de Casas del Cura, donde existe un refugio donde pernoctar. Antes de ello hicimos un paseo nocturno donde observamos un corzo y poco más. Demasiado tarde quizá estas fechas para la mariposa isabelina, otro año tendrá que ser.

Refugio de Casas del Cura

Saúcos (Sambucus nigra)

Al día siguiente nos despertamos con el canto de las collalbas grises (Oenanthe oenanthe), que viven en las ruinas cercanas al refugio. Me parecieron más confiadas aquí que en otras zonas, tal vez por que ven menos gente a menudo.

Collalba gris (Oenanthe oenanthe) macho

Collalba gris (Oenanthe oenanthe)

El plan de este día era explorar algunas de las zonas más altas de la sierra, en busca de la culebra lisa europea y de otras especies montanas (mariposa apolo, escribano hortelano). Sin embargo, los que se dejaron ver fueron gran cantidad de lagartos ocelados (Timon lepidus). Me sorprendió encontrar a este reptil en pinares de alta montaña, y más en esa densidad. Incluso una hembra se subió a un pino albar al vernos, cual iguana de la selva ecuatorial.

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

Lagarto ocelado (Timon lepidus) trepador

Lagarto ocelado (Timon lepidus) trepador, más cerca

Acabamos la jornada con el vuelo de los buitres leonados (Gyps fulvus). Nos faltó ver algún alimoche, otra especie habitual en la Serranía. Os dejo además con una vista de uno de los rincones más bellos de este espacio natural. ¡Hasta la próxima!

Buitre leonado (Gyps fulvus)


3 comentarios:

  1. Ya estaba al corriente de la víbora cuando vi las fotos de tu amigo Antonio, jejeje.
    Ayer también estuve viendo ninfas de los arroyos, orquídeas piramidales y metamórficos de ranitas (meridionales en mi caso), casualidades de la vida.
    Es una pasada esa serranía, algún día tengo que ir a disfrutar de su fauna en ese pedazo de entorno.
    ¡Saludos!

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    1. Pues sí, llevábamos tiempo queriendo ver una víbora, así que fue un momentazo. Curioso veas lo mismo en las serranías del sur, se ve que todas las montañas mediterráneas deben ser muy similares. Algún día tengo que pasarme yo también por la Sierra de Segura (está entre nuestros destinos pendientes).
      ¡Saludos!

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    2. ¡Pues en caso de que decidáis venir tenéis fijo un compañero más!

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