domingo, 8 de noviembre de 2015

Pequeños habitantes de la Marjal

Viene siendo habitual que cualquier naturalista que sale al campo una mañana buscando encontrarse con ciertas especies regrese sin verlas. Cuando uno prepara una salida a la naturaleza siempre se tiene una idea más o menos preconcebida de lo que vas a encontrarte, dependiendo del lugar que visites y de la época en que lo hagas. Pero la naturaleza es muy impredecible, y pocas veces sucede lo que uno espera, lo cual le da mayor interés si cabe a la experiencia naturalista.

Pues bien, todo esto viene a cuento de una excursión que hice ayer por la mañana a la Marjal del Moro. Mi idea era ir ligero, sin el telescopio, dar la vuelta entera a todo el espacio y tratar de localizar algunos pajarillos que por no ir lo suficientemente atento siempre me pasan desapercibidos. Concretamente el pájaro moscón (Remiz pendulinus), el carricerín real (Acrocephalus melanopogon) y con suerte el mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus). Y lo que pasó fue que, como suele suceder, no vi ni una de estas especies. Pero la clave de todo esto es muy simple, tú vas al campo a por plata, y no siempre encuentras plata, pero a veces vuelves con oro.

Los caminos de la marjal son inescrutables... literalmente

Y es que el ir ligero permite fijarse en esos pequeños animales que suelen pasar desapercibidos cuando uno visita un humedal, atento sobre todo a las aves acuáticas. Como estamos ya en Noviembre no esperaba encontrarme muchos insectos, sin embargo, el primer animal que vi fue un bonito ejemplar de la mariposa de los muros (Pararge aegeria), una de las más comunes y resistentes.

Mariposa de los muros (Pararge aegeria)

Tampoco esperaba encontrar ya muchos odonatos. Sin embargo, pronto descubrí cerca de la playa un precioso ejemplar macho de Aeshna mixta, posado en un taray. Las libélulas del género Aeshna no suelen posarse mucho, y llevaba tiempo queriendo ver una bien. Este ejemplar debía estar algo aletargado por el frío, pues se dejó acercarse mucho y bastante rato.

Aeshna mixta

Las Aeshna son libélulas más bien otoñales en mi zona, y todas tienen en común su dibujo en mosaico, sus bellos colores y una marca en la frente en forma de "T" más o menos notoria. Todo un deleite su observación.

Detalle de cabeza y tórax de Aeshna mixta

Perfil  de Aeshna mixta mostrando las bandas amarillas del tórax

Siguiendo mi camino, aparecieron los que deben ser los habitantes más numerosos de la marjal, los mosquitos. Y tras ellos más ejemplares de Aeshna mixta, esta vez en vuelo. Entre todas ellas pude descubrir otra especie de odonato nueva para mí, la libélula roja Sympetrum striolatum, una de las más comunes en Europa, pero no tanto en esta zona.

Sympetrum striolatum

Sympetrum striolatum

Seguí mi camino por la playa, levantando a mi paso pajarillos como verdecillos, jilgueros, escribanos palustres o bisbitas, que mantuvieron las distancias y no se dejaron retratar. Como aún tenía tiempo decidí explorar el margen norte de este espacio natural, una zona donde aún no había ido.

Carrizo (Phragmites australis)

Las temperaturas ya más altas despertaban a los insectos. Las mariposas de la col (Pieris rapae) estaban por todas partes.

Pieris rapae

Y ahora viene la primera sorpresa del día. Cuando estaba cerca de una línea de media tensión descubro un punto blanco posado en los cables. Pensando en una paloma o gaviota, resultó ser un elanio azul (Elanus caeruleus)! Es una especie muy ocasional en la Comunidad Valencia, aunque últimamente se han visto algunos ejemplares invernantes en humedales costeros y llegó a reproducirse hace algunos años por el interior.

Elanio azul (Elanus caeruleus)

Aunque la distancia era considerable, se aprecia el peculiar aspecto de esta rapaz de origen africano, casi del todo blanca excepto el dorso gris y los hombros negros. Aunque no se aprecia mucho en la foto, una de sus características más llamativas son sus grandes ojos escarlata, como dos rubíes. 

Elanio azul (Elanus caeruleus)

Molestado por un bando de estorninos, no tardo mucho en emprender el vuelo, de un lado para otro como no sabiendo donde ponerse. A ratos parecía perseguir a los estorninos, otras veces era él el perseguido. En estas salió de algún sitio una hembra de cernícalo vulgar, supongo que de una de las parejas de la zona, y tuvieron una pequeña trifulca aunque finalmente el cernícalo emprendió la retirada ante la robustez y no poca agresividad del elanio.

Elanio azul (Elanus caeruleus) acosado por un cernícalo

Y una última foto para coronar esta magnífica observación.

Elanio azul (Elanus caeruleus)

La verdad es que entre el elanio y las invasoras acacias (Acacia sp.) tenía la impresión de estar dándome una vuelta por la sabana africana, solo faltaban los leones. Poco control sobre plantas invasoras en estas tierras, una lástima...

Acacia (Acacia sp.) Especie exótica invasora

Ya de vuelta en el corazón de la marjal, al fin un pajarillo se posó más cerca, un simpático buitrón (Cisticola juncidis), una de las aves más comunes por aquí todo el año. Siempre me he preguntado a qué viene el nombre de "buitrón" para este minúsculo pajarillo insectívoro, típico de nuestros humedales.

Buitrón (Cisticola juncidis)

Buitrón (Cisticola juncidis)
Otros pájaros que se dejaron ver en buen número entre las ramas de los chopos fueron los mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) entre los que traté de buscar sin éxito algún mosquitero bilistado, un divagante siberiano que se esta viendo mucho estos meses por el área levantina.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita)

Y ya hacia el final vino la segunda sorpresa del día, cuando entre las Aeshna mixta que volaban sobre el carrizal descubrí un odonato al que le tenía muchas ganas, el "emperador errante" (Anax ephippiger). Esta especie es un gran migrador que llega de vez en cuando a nuestras tierras desde África. Al parecer normalmente lo hacen en primavera, con lo que es toda una suerte haberme encontrado con este macho. Como no quiso posarse, tuve que improvisar una foto en vuelo.

Libélula "emperador errante" (Anax ephippiger)

Y ya para acabar con esta fantástica salida, en la que no cumplí ninguno de mis objetivos previstos, un bonito petirrojo (Erithacus rubecula), que están llenando poco a poco nuestros campos y parques con su canto. ¡Hasta otra!