martes, 8 de diciembre de 2015

En busca del águila imperial. Sierra del Relumbrar y Ojos de Villaverde

El águila imperial ibérica (Aquila adalberti) es un endemismo peninsular que ha sido durante muchos años la rapaz más amenazada de Europa. Por suerte se está recuperando y volviendo a colonizar sus antiguos feudos de donde nunca debió desaparecer. En la Comunidad Valenciana, esta espectacular rapaz lleva extinguida más de un siglo, así que mientras esperamos a que lleguen tenemos que movernos bastante lejos si queremos disfrutarlas.

El año pasado estuve por estas fechas con mi amigo Pablo en Albacete intentando ver algún ejemplar (esta entrada). Estuvimos en la laguna de Ontalafia, donde habíamos oído que de vez en cuando se veían jóvenes en dispersión, y conseguimos ver uno pero brevemente. Este Domingo nos planteamos un objetivo más ambicioso, llegar hasta la zona de cría más cercana a la provincia de Valencia, que concretamente se localiza en la Sierra del Relumbrar, una estribación de Sierra Morena en el extremo sur de Albacete. 

Tras un buen madrugón llegamos a la sierra sobre las diez de la mañana. A primera vista sorprende el paisaje de esta zona, muy diferente al de Valencia o el resto de Albacete, y más parecido a Monfragüe u otras zonas extremeñas, con sierras de cuarcitas tapizadas de monte mediterráneo bastante maduro.

Sierra del Relumbrar

Lo primero que vimos fue un grupo de cabra montés (Capra pyrenaica) lejos en los roquedos de la sierra. Esta fue la tónica del día, observaciones lejanas con el telescopio, por lo que las pocas fotos que tengo son bastante malas, pero lo disfrutamos. También es esta zona lincera, y aunque el felino es de presencia más bien ocasional todas las carreteras estaban bien señalizadas para evitar atropellos.


Mientras en las solanas predominaban las encinas, las umbrías de la sierra estaban tapizadas por un bello alcornocal, mezclado con quejigos (Quercus faginea) que mostraban un bello tono otoñal. El ejemplar de la foto presenta además numerosas agallas que se forman por la acción de ciertas avispas.

Alcornoque (Quercus suber)

Quejigo (Quercus faginea)

Recorriendo la sierra, fuimos observando buitre leonado (Gyps fulvus), águila real (Aquila chrysaetos), azor (Accipiter gentilis) y algunos ciervos (Cervus elaphus) todo bastante lejos. Tuvimos que cruzarla entera antes de ver el primer ejemplar adulto de águila imperial, que pasó como una centella y se perdió hacia el sur. Al cabo de un rato paramos a observar un grupo de muflones (Ovis orientalis musimon), que nos miraron curiosos desde cerca del camino. Nuevamente pasó lejana un águila imperial.

Muflón macho (Ovis orientales musimon)

En la siguiente parada al fin se dejó ver bien una pareja de águila imperial. Estuvieron dando vueltas por la zona, reclamando y realizando vuelos acrobáticos de marcaje territorial.

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Las fotos son muy testimoniales, pero así suelen ser las observaciones de rapaces en el campo. La silueta del águila imperial es identificable por volar con la cola cerrada, las alas rectas, la cabeza clara y sus marcas blancas en los hombros. Los jóvenes son diferentes, de tonos leonados o pajizos. 

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Los descendientes de estas águilas serán los que en un futuro recuperen sus feudos levantinos; yo espero vivir para verlo. Por ahora esperemos que se las respete y puedan vivir tranquilas en estas sierras apartadas donde sacar adelante a sus pollos. 

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti) Foto: Pablo Ruiz

Volaban por allí también una pareja de águilas reales jóvenes, seguramente nacidas este año. Estaban jugando entre ellas, persiguiéndose y realizando cabriolas entre los cantiles. Durante un breve momento pasó cerca suyo uno de los adultos de águila imperial e hizo amago de perseguirles, pero se lo pensó mejor y acabó ignorándolas. 

Águilas reales (Aquila chrysaetos) Foto: Pablo Ruiz

Y en las cercanas dehesas se alimentaba un grupo de jabalíes (Sus scrofa). Llama la atención observar estos animales a plena luz del mediodía. En mis zonas típicas son mucho más recatados y solamente salen al atardecer. 

Jabalíes (Sus scrofa)

Jabalíes (Sus scrofa) DG

Otras aves observadas en el Relumbrar fueron los rabilargos (Cyanopica cooki) que aunque abundantes no se dejaron fotografiar. Además observamos muchas perdices, éstas curiosamente más confiadas pese a ser objeto de caza.

Perdiz roja (Alectoris rufa)

Del resto de animales buscamos sin éxito a la salamandra común (Salamandra salamandra morenica) y la ranita de san antonio (Hyla molleri) en algunos riachuelos, pero todo lo que pudimos encontrar fueron unas cuantas ranas comunes bastante aletargadas por el frío.

Rana común (Pelophylax perezi)

Espectacular el paisaje mediterráneo que presenta esta zona.


Tras visitar la sierra decidimos pasar el resto de la tarde en la laguna de Ojos de Villaverde, que pillaba de paso en el retorno hacia casa. Esta laguna presenta la particularidad de estar cubierta de un denso manto de vegetación palustre, con carrizo y masiega. Además se encuentra rodeada de un fantástico sabinar maduro.

Vista de la laguna Ojos de Villaverde

Aquí pudimos comprobar que existe un buen dormidero de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), con varias decenas de ejemplares que acudieron a dormir en el carrizal, entre ellos muchos bonitos machos adultos. La luz ya era demasiado escasa para hacer fotos. También pudimos observar algunos aguiluchos pálidos (Circus cyaneus).

Sabina albar (Juniperus thurifera)

En cierto momento oímos un trompeteo característico, y nos llevamos la sorpresa de observar un bando de grullas en dirección norte. Otra especie escasa en nuestra tierra, y no tanto por estos lares.

Grullas (Grus grus)

Y acabo con esta artística foto que realizó Pablo a un grupo de trigueros (Miliaria calandra) posados en un chopo a atardecer. ¡Hasta otra!



domingo, 8 de noviembre de 2015

Pequeños habitantes de la Marjal

Viene siendo habitual que cualquier naturalista que sale al campo una mañana buscando encontrarse con ciertas especies regrese sin verlas. Cuando uno prepara una salida a la naturaleza siempre se tiene una idea más o menos preconcebida de lo que vas a encontrarte, dependiendo del lugar que visites y de la época en que lo hagas. Pero la naturaleza es muy impredecible, y pocas veces sucede lo que uno espera, lo cual le da mayor interés si cabe a la experiencia naturalista.

Pues bien, todo esto viene a cuento de una excursión que hice ayer por la mañana a la Marjal del Moro. Mi idea era ir ligero, sin el telescopio, dar la vuelta entera a todo el espacio y tratar de localizar algunos pajarillos que por no ir lo suficientemente atento siempre me pasan desapercibidos. Concretamente el pájaro moscón (Remiz pendulinus), el carricerín real (Acrocephalus melanopogon) y con suerte el mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus). Y lo que pasó fue que, como suele suceder, no vi ni una de estas especies. Pero la clave de todo esto es muy simple, tú vas al campo a por plata, y no siempre encuentras plata, pero a veces vuelves con oro.

Los caminos de la marjal son inescrutables... literalmente

Y es que el ir ligero permite fijarse en esos pequeños animales que suelen pasar desapercibidos cuando uno visita un humedal, atento sobre todo a las aves acuáticas. Como estamos ya en Noviembre no esperaba encontrarme muchos insectos, sin embargo, el primer animal que vi fue un bonito ejemplar de la mariposa de los muros (Pararge aegeria), una de las más comunes y resistentes.

Mariposa de los muros (Pararge aegeria)

Tampoco esperaba encontrar ya muchos odonatos. Sin embargo, pronto descubrí cerca de la playa un precioso ejemplar macho de Aeshna mixta, posado en un taray. Las libélulas del género Aeshna no suelen posarse mucho, y llevaba tiempo queriendo ver una bien. Este ejemplar debía estar algo aletargado por el frío, pues se dejó acercarse mucho y bastante rato.

Aeshna mixta

Las Aeshna son libélulas más bien otoñales en mi zona, y todas tienen en común su dibujo en mosaico, sus bellos colores y una marca en la frente en forma de "T" más o menos notoria. Todo un deleite su observación.

Detalle de cabeza y tórax de Aeshna mixta

Perfil  de Aeshna mixta mostrando las bandas amarillas del tórax

Siguiendo mi camino, aparecieron los que deben ser los habitantes más numerosos de la marjal, los mosquitos. Y tras ellos más ejemplares de Aeshna mixta, esta vez en vuelo. Entre todas ellas pude descubrir otra especie de odonato nueva para mí, la libélula roja Sympetrum striolatum, una de las más comunes en Europa, pero no tanto en esta zona.

Sympetrum striolatum

Sympetrum striolatum

Seguí mi camino por la playa, levantando a mi paso pajarillos como verdecillos, jilgueros, escribanos palustres o bisbitas, que mantuvieron las distancias y no se dejaron retratar. Como aún tenía tiempo decidí explorar el margen norte de este espacio natural, una zona donde aún no había ido.

Carrizo (Phragmites australis)

Las temperaturas ya más altas despertaban a los insectos. Las mariposas de la col (Pieris rapae) estaban por todas partes.

Pieris rapae

Y ahora viene la primera sorpresa del día. Cuando estaba cerca de una línea de media tensión descubro un punto blanco posado en los cables. Pensando en una paloma o gaviota, resultó ser un elanio azul (Elanus caeruleus)! Es una especie muy ocasional en la Comunidad Valencia, aunque últimamente se han visto algunos ejemplares invernantes en humedales costeros y llegó a reproducirse hace algunos años por el interior.

Elanio azul (Elanus caeruleus)

Aunque la distancia era considerable, se aprecia el peculiar aspecto de esta rapaz de origen africano, casi del todo blanca excepto el dorso gris y los hombros negros. Aunque no se aprecia mucho en la foto, una de sus características más llamativas son sus grandes ojos escarlata, como dos rubíes. 

Elanio azul (Elanus caeruleus)

Molestado por un bando de estorninos, no tardo mucho en emprender el vuelo, de un lado para otro como no sabiendo donde ponerse. A ratos parecía perseguir a los estorninos, otras veces era él el perseguido. En estas salió de algún sitio una hembra de cernícalo vulgar, supongo que de una de las parejas de la zona, y tuvieron una pequeña trifulca aunque finalmente el cernícalo emprendió la retirada ante la robustez y no poca agresividad del elanio.

Elanio azul (Elanus caeruleus) acosado por un cernícalo

Y una última foto para coronar esta magnífica observación.

Elanio azul (Elanus caeruleus)

La verdad es que entre el elanio y las invasoras acacias (Acacia sp.) tenía la impresión de estar dándome una vuelta por la sabana africana, solo faltaban los leones. Poco control sobre plantas invasoras en estas tierras, una lástima...

Acacia (Acacia sp.) Especie exótica invasora

Ya de vuelta en el corazón de la marjal, al fin un pajarillo se posó más cerca, un simpático buitrón (Cisticola juncidis), una de las aves más comunes por aquí todo el año. Siempre me he preguntado a qué viene el nombre de "buitrón" para este minúsculo pajarillo insectívoro, típico de nuestros humedales.

Buitrón (Cisticola juncidis)

Buitrón (Cisticola juncidis)
Otros pájaros que se dejaron ver en buen número entre las ramas de los chopos fueron los mosquiteros comunes (Phylloscopus collybita) entre los que traté de buscar sin éxito algún mosquitero bilistado, un divagante siberiano que se esta viendo mucho estos meses por el área levantina.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita)

Y ya hacia el final vino la segunda sorpresa del día, cuando entre las Aeshna mixta que volaban sobre el carrizal descubrí un odonato al que le tenía muchas ganas, el "emperador errante" (Anax ephippiger). Esta especie es un gran migrador que llega de vez en cuando a nuestras tierras desde África. Al parecer normalmente lo hacen en primavera, con lo que es toda una suerte haberme encontrado con este macho. Como no quiso posarse, tuve que improvisar una foto en vuelo.

Libélula "emperador errante" (Anax ephippiger)

Y ya para acabar con esta fantástica salida, en la que no cumplí ninguno de mis objetivos previstos, un bonito petirrojo (Erithacus rubecula), que están llenando poco a poco nuestros campos y parques con su canto. ¡Hasta otra!



jueves, 8 de octubre de 2015

Un verano lleno de naturaleza: Herpetos

Traigo aquí la segunda parte de estas entradas dedicadas a mis observaciones durante los meses veraniegos. Este verano he tenido la suerte de poder observar numerosas especies de herpetos, sobretodo anfibios, que nunca había podido ver o ni siquiera imaginaba que los tuviera viviendo tan cerca.

Ya por los alrededores de mi pueblo he podido ver algunas noches a los sapos corredores (Epidalea calamita) así como a su pariente próximo el sapo común (Bufo spinosus). Estos anfibios se reproducían en gran número en la antigua laguna del municipio, ya desecada, y ahora deben conformarse con algunos pobres charcos que quedan en los solares. Concretamente el ejemplar de sapo común tenía un tamaño realmente monstruoso. Lástima que se agotara la batería de la cámara antes de poder hacerle una foto mejor...

Sapo corredor (Epidalea calamita)

Sapo común (Bufo spinosus)

Siguiendo con los anuros, en las charcas que hay repartidas por el término habita también el sapillo moteado (Pelodytes punctatus), especie que he podido observar por primera vez. A pesar de su nombre de sapos, se parecen más a las ranas, con un aspecto ágil y estilizado. Se mueven a grandes saltos.

Sapillo moteado (Pelodytes punctatus)

Sapillo moteado (Pelodytes punctatus)

Pude observar varios machos cantando entorno a la charca donde habitan. Me costó lo mío encontrarlos entre la vegetación, pues a pesar de su tamaño tienen un canto muy potente y eso me hizo buscar animales mayores hasta darme cuenta de que sus autores eran los pequeños sapillos. Os dejo una grabación que pude hacer con el sapillo cantando a pocos centímetros.

Sapillo moteado (Pelodytes punctatus)



El último anuro del que voy a hablar es el sapo de espuelas (Pelobates cultripes). Esta especie es más difícil de ver debido a sus hábitos excavadores y por ahora solo he podido fotografiar malamente a este metamórfico en una excursión a los cercanos Lavajos de Sinarcas.

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Pasando ya a los urodelos, la única especie presente en la Comunidad Valenciana es el carismático gallipato (Pleurodeles watl). De esta especie he pasado de no tener ni idea de que podía encontrarse en mi zona a ver ejemplares de tres poblaciones diferentes en un mes. El primero fue un ejemplar de coloración muy oscura que encontramos en un arroyuelo durante la misma excursión por Sinarcas.

Gallipato (Pleurodeles watl)

Gallipato (Pleurodeles watl)

También pude ver muy bien varios ejemplares de morfo amarillento durante una excursión al municipio de Alcublas, invitado por los amigos de Gallipato alcublano, que están llevando a cabo una gran labor de conservación en las diferentes balsas y puntos de agua del municipio, por lo que éste puede presumir de tener una de las poblaciones de gallipato más grandes y mejor estudiadas.

Gallipato (Pleurodeles watl)

Durante la excursión pudimos rescatar varios ejemplares de un peligroso aljibe en el que estos animales quedan atrapados durante sus correrías los días lluviosos, no pudiendo escalar las paredes para salir.

Gallipato (Pleurodeles watl)

Pasando ya a los reptiles, cabe decir que las observaciones han sido más escasas que en el caso de los anfibios, aunque igualmente interesantes. La única especie nueva para mí ha sido la culebra de collar (Natrix natrix), de la que pudimos ver hasta tres ejemplares durante una excursión por un río de montaña, en la Comarca Requena-Utiel.

Culebra de collar (Natrix natrix) Foto: Pablo Ruiz

Culebra de collar (Natrix natrix) Foto: Pablo Ruiz

Y para el final he dejado la observación más insólita e interesante, pues en una de mis visitas a los lavajos de Camporrobles tuve la suerte de encontrar a un buen ejemplar de culebra viperina (Natrix maura) que estaba devorando un gran gallipato. No solo es la primera vez que observo un gallipato en el término, sino que he sido afortunado de contemplar un espectáculo natural que muy poca gente habrá visto.

Culebra viperina (Natrix maura) devorando un gallipato (Pleurodeles watl)

Las fotos son bastante crudas, pero como documento no tienen precio. El gallipato despliega una estrategia contra los depredadores que consiste en inflar su cuerpo hasta extraer los extremos puntiagudos de sus costillas por unos orificios que tiene en la piel. Esto, claramente, pone las cosas difíciles a la culebra a la hora de devorarlo.

Culebra viperina (Natrix maura) devorando un gallipato (Pleurodeles watl)

Culebra viperina (Natrix maura) devorando un gallipato (Pleurodeles watl)

Con gran esfuerzo por parte de la Natrix, pude ver como entraban las patas anteriores del gran gallipato. La serpiente tuvo que dislocar completamente la mandíbula para conseguirlo, llegando a estar su boca casi completamente en vertical respecto al terreno.

Culebra viperina (Natrix maura) devorando un gallipato (Pleurodeles watl)

Todos hemos visto en documentales la capacidad que tienen las serpientes para devorar grandes presas, pero hasta que uno no lo ve resulta difícil creer que una culebra de agua pueda devorar un anfibio que mide casi la mitad que ella, y que además al inflarse resulta casi tan grueso como su propia cabeza. Yo al principio pensé que no lo lograría, pero tras casi tres cuartos de hora todo el cuerpo del gallipato estaba en el tracto digestivo de la culebra a excepción de la cola. Estaba tan absorta durante todo el proceso que no me prestó la más mínima atención, y eso que estas serpientes suelen ser bastante desconfiadas con las personas. Con una última foto de esta soberbia escena natural me despido hasta la próxima entrada, que espero no tarde mucho. Con esta ya son veinte las entradas de mi blog, ¡esto va progresando!