sábado, 15 de noviembre de 2014

La restinga: Naturaleza cercana

Esta mañana he estado dando un tranquilo paseo por ese gran parque natural de los valencianos, L'Albufera de Valencia, el tercer humedal de importancia de España y un refugio para miles de aves y otros seres con gran variedad de especies, y todo eso, a escasa media hora del centro de Valencia. Este parque es muy extenso, y hoy concretamente la excursión ha sido por la restinga, el cordón arenoso que separa el mar del humedal, debido a la mayor facilidad de acceso y su diversidad de hábitats que abarca desde la laguna y zonas de humedal salobre, hasta el monte mediterráneo de la devesa, la costa y el mar. Mi primera parada fue el mirador sobre la laguna cercano a la "gola de Pujol", uno de los canales que la comunica con el mar. 

El "lluent" de L'Albufera desde el embarcadero de Pujol

A pesar del fuerte viento de poniente que agitaba las aguas, un gran grupo de cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), ave invernante muy numerosa en la zona, se afanaban en pescar en el centro de la laguna. Mientras avanzaban contra los peces, los que estaban atrás volaban sobre ellos, intentado situarse en primer lugar, y así iban avanzando, peinando el lago.

Cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo)

Otras aves, tal vez menos espabiladas o ya saciadas, descansaban sobre las estacas de los pescadores. Entre ellas especies muy habituales en este humedal en invierno, como gaviotas, cormoranes y garzas.

Garza real (Ardea cinerea) con charranes patinegros (Thalasseus sandvicensis)

Cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo), con gaviotas sombrías (Larus fuscus),
 las más grandes de dorso oscuro; y reidoras (Chroicocephalus ridibundus)

Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y
charranes patinegros (Thalasseus sandvicensis)

Tras un rato en este lugar tomé rumbo a la devesa, no sin antes descubrir a una despistada garza real posada a poca distancia. Esta ave es una de las más comunes y emblemáticas del parque. Aquí el grueso de su dieta lo compone el invasor cangrejo americano (Procambarus clarkii).

Garza real (Ardea cinerea)

La devesa es un perfecto ejemplo de bosque mediterráneo costero, que a pesar de las muchas agresiones que ha sufrido (infraestructuras, apartamentos, campo de golf, paseo marítimo, campos deportivos, chalets, proyectos de urbanización total, etc, etc) continúa presentando un aspecto exuberante en muchas zonas.

Camino en la devesa

Vi y oí varias aves forestales a lo largo del recorrido, como el petirrojo (Erithacus rubecula), o la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala)  pero debido a la frondosidad del lugar no se dejaron observar muy bien. En la gola descansaba un ejemplar joven de gaviota patiamarilla (Larus michaelis), seguramente un ave nacida este año.

Gaviota patiamarilla (Larus michaelis)

En cierto momento nuestra joven gaviota pareció echarse un amigo...

Gaviota patiamarilla (Larus michaelis) con cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

En el mar un fuerte viento de poniente y ninguna ave marina, seguramente arrastradas por el vendaval mar adentro. Lo más interesante fueron tres correlimos tridáctilos (Calidris alba) que pasaron volando sobre la playa buscando un sitio tranquilo. Y es que al ser fin de semana este sitio se llena de gente. Pero en la arena también descubrí sorprendido a otro extraño paseante...

Larva de Agrius convulii

No tenía ni idea de que podía hacer esta extraña y gran oruga en mitad de la playa dirigiéndose al mar, así que la cogí y la dejé en la primera planta carnosa que encontré, una correhuela, tras lo cual empezó a devorar sus hojas con ansia. De casualidad había encontrado su planta nutricia, lo cual tras buscarlo me permitió conocer su especie. Se trataba de una larva de de la esfinge de la correhuela (Agrius convulii), un insecto nocturno que resulta ser el lepidóptero más grande de Europa. Casi nada.

Larva de Agrius convulii, detalle de la cabeza

Seguramente antes estaba en otra correhuela próxima al mar, pero al devorarla por completo fue en busca de más comida en la dirección equivocada, con lo que la salvé de una muerte segura. Si no por las olas, devorada por algún pájaro oportunista, pues anda que no era visible este oscuro bicho casi del tamaño de mi mano sobre la arena. Por allí merodeaba un macho de cernícalo vulgar (Falco tinnuculus), en busca de algo que llevarse al pico.

Cernícalo vulgar (Falco tinnuculus)

En la cercana laguna del "Estany de Pujol", humedal artificial vestigio del fallido intento de crear un puerto deportivo, nadaban algunos somormujos lavancos (Podiceps cristatus). Estas elegantes aves son como el resto de miembros de su familia unas excelentes buceadoras y pescadoras. Este ejemplar aún conservaba parte de los "moños" nupciales, pero pronto adoptará el menos llamativo plumaje invernal.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)

De vuelta en la devesa las aves continuaron mostrándose esquivas, en contraste con los insectos, que se mostraron abundantes y vistosos. En los bordes del camino había muchas libélulas del género Sympetrum. En este género los machos son de un color escarlata en contraste con las hembras más verdosas.

Sympetrum sp. Macho

Sympetrum sp. Macho

Sympetrum sp. Hembra

Las únicas flores en estas fechas son las bellas inflorescencias rosadas del brezo de invierno (Erica multiflora). Que en este caso estaban siendo aprovechadas por un curioso insecto, que a primera vista puede pasar por una avispa, pero en realidad se trata de una mosca, un díptero. Aunque no tengo mucha idea de dípteros, investigando parece ser que estas moscas imitadoras pertenecen a la familia de los sírfidos (Syrfidae). Si alguien tiene idea de la especie...

Actualización (08/04/2015): Seguramente se trate de la especie Helophilus pendulus

Syrfidae sp. sobre Erica multiflora

La selección natural ha favorecido en este género formas y coloraciones similares a las de las venenosas avispas. Al parecerse a otro insecto más peligroso evitan el ataque de sus potenciales depredadores. Esto es lo que en biología se conoce como mimetismo batesiano, en honor a su descubridor. Existen otros muchos ejemplos de este mimetismo en el reino animal.


Syrfidae sp. sobre Erica multiflora

El otro grupo de insectos que se dejó ver fue el de las mariposas, con pocas especies ya, como las migradoras Vanessa atalanta y Vanessa cardui, que se quedarán seguramente hasta que empiecen los fríos.

Vanessa atalanta

Tras observar fugazmente un gavilán (Accipiter nisus), me dirigí a mi último destino de la mañana, la zona de reserva del racó de l'olla, formada por lagunas y saladares, y que alberga el centro de visitas del parque y un observatorio de aves.

Racó de l'olla

En el observatorio muy poca variedad de aves, casi todo eran azulones (Anas platyrhynchos), el pato más común de Europa, conocido localmente como "collverd", en alusión a la cabeza de los machos. Las hembras son más pardas y discretas.

Azulones (Anas platyrhynchos)

Una parejita pasó más cerca del observatorio y se dejó ver mejor.

Azulón (Anas platyrhynchos), macho
Azulón (Anas platyrhynchos), hembra

Pero a pesar de la floja presencia de aves en este rincón, al parecer en la cercana laguna de l'Albufera eran mucho más numerosas, como lo demostraba un enorme bando formado sobretodo por patos colorados (Netta rufina), que se levantó en cierto momento a lo lejos.

Patos colorados (Netta rufina)

También apareció una garceta común, intentando pescar muy cerca del observatorio, dejando ver bien sus pies amarillos, que utiliza como reclamo para los peces. Tambíen me dejó hacerle un pequeño retrato, a pesar de la vegetación acuática del enclave...

Garceta común (Egretta garzetta)

Garceta común (Egretta garzetta)

Pero no todo era quietud, pues también estaba por aquí una hembra de águila calzada (Aquila pennata). Esta rapaz es la menor y más común de nuestras águilas. Es un migrador transahariano en Europa pero desde hace poco algunos individuos pasan el invierno en nuestros humedales, patrullando de forma incansable en busca de algún ave descuidada.

Águila calzada (Aquila pennata)


Águila calzada (Aquila pennata)

Águila calzada (Aquila pennata)

Y la última ave que vi fue un pequeño y simpático mito (Aegithalos caudatus), que a pesar de salir la foto muy oscura y estar por tanto ultrarretocada no me resisto a poner, al ser uno de mis pajarillos favoritos, común y confiado incluso en los jardines de Valencia. ¡Hasta la próxima!

4 comentarios:

  1. Hola, Luis, he estado viendo todas las entradas del blog, y doy fe de lo difícil que es ver a los acentores alpinos cuando están comiendo en el suelo, yo no los habría visto el mes pasado si no fuera por sus reclamos.
    El marjal del moro me ha traído buenos recuerdos de mi estancia en Sevilla, aunque en sus humedales no había charranes ni gaviotas cabecinegras, claro.
    ¡Saludos!

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    1. Hola Carlos, me alegro de verte por aqui. Espero poder ver mejor a los acentores ahora que los tengo localizados, seguro que en invierno vienen mas. En cuanto a los humedales, ya me gustaria tener esas espátulas y cigüeñas andaluzas por aqui!

      Saludos

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  2. Bonita entrada y preciosas fotos. Saludos desde Cantabria amigo Luis.

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    1. Muchas gracias germán, me alegra ir teniendo más público :)

      Un saludo!

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