lunes, 20 de febrero de 2017

Escenas albuferencas

Después de un par de entradas con sitios alejados de mis zona habituales, hoy el blog hará más honor a su nombre pues os traigo una entrada breve con algunas aves vistas estas primeras semanas del año en los marjales de la Albufera de Valencia.

Durante el invierno, los arrozales se inundan en la llamada "perellonà" tradicionalmente con motivos cinegéticos pero yo prefiero pensar que es también por favorecer a todas las aves, aunque en verdad no sea así. Tras la inundación se abren las golas y el agua va retirándose de los campos. Se produce entonces el tradicional "fangueo" de los arrozales, que son removidos por los tractores dejando infinidad de animalillos al descubierto, lo que atrae a las aves. Buscar estos campos fangueados es la mejor baza para el ornitólogo que visite la Albufera en estas fechas.


Durante algunos días que he estado recorriendo la zona, he podido observar bastantes especies. Muchas de ellas, obviamente, a gran distancia, pero algunas también se han dejado fotografiar en mejores condiciones. Las más abundantes, aves generalistas como las omnipresentes gaviotas reidoras y ardeidas como las garzas reales (Ardea cinerea), garcetas comunes (Egretta garzetta), garcillas bueyeras (Bulbucus ibis) y algo menos numerosas aunque frecuentes las garcetas grandes (Ardea alba). 

Garza real (Ardea cinerea)

Garceta común (Egretta garzetta)

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)

Garcetas grandes (Ardea alba)

Las garzas no son las únicas zancudas presentes en el parque natural, y tampoco las más numerosas. Yo este título se lo daría al morito (Plegadis falcinellus), una especie antaño rara y que ahora llena los cielos de la Albufera con inmensos bandos que en la lejanía se confunden con los de los estorninos. A diferencia de las garzas, a los moritos les gusta ir todos juntos y suelen estar concentrados en una sola zona del arrozal que haya sido fangueada recientemente. Un grupillo se posó más cerca y los pude fotografiar.

Moritos (Plegadis falcinellus)

Moritos (Plegadis falcinellus)

Y otras zancudas ya son bastante más raras. Es el caso de las cigüeñas, con una sola especie invernante, la negra (Ciconia nigra), de la que deben ser menos de diez los ejemplares que permanecen todo el invierno en la Albufera. Tuve la suerte de sorprender a uno de ellos, pero resultó ser un ave tremendamente desconfiada que voló justo al parar el coche. Del resto de zancudas, como espátulas o grullas ya se ven todavía menos. 

Cigüeña negra (Ciconia nigra)

Pero estas aves no son los únicos cazadores alados de la zona. Algunas especies de rapaces también emplean el arrozal como cazadero. Las más abundantes son los aguiluchos laguneros, pero abundan también los ratoneros (Buteo buteo), águilas calzadas (Aquila pennata) y cernícalos (Falco tinnuculus). Incluso, este año estamos teniendo un visitante excepcional, un joven de águila moteada (Aquila clanga) que está pasando el invierno en el parque y aunque pude observarlo un día a bastante distancia no he logrado fotografiarlo. Esperemos que la especie vaya siendo más frecuente en los próximos inviernos.

Águila calzada (Aquila pennata)

Cernícalo vulgar (Falco tinnuculus)

Pero los más buscados en estas fechas por el arrozal son los limícolas, que empiezan a verse en buenos números coincidiendo con el inicio de su migración prenupcial, en la que volverán a sus zonas de cría norteñas. Pueden verse muchas especies, pero yo destacaría los buenos números de aguja colinegra (Limosa limosa), combatiente (Philomachus pugnax), avefría (Vanellus vanellus), y otras más escasas pero muy bonitas como los chorlitos dorados (Pluvialis apricaria). Amén de muchas más especies de archibebes, correlimos y otros en menores números.


Agujas, combatientes y gaviotas

Avefrías, estorninos, combatientes y chorlitos

Chorlito dorado europeo (Pluvialis apricaria)

Y no sólo aves acuáticas. Algunos paseriformes también frecuentan el arrozal, siendo los más comunes los bisbitas, como el alpino de la foto. También pueden verse lavanderas, pechiazul, buitrón y otros muchos. Como los estorninos (Sturnus sp.), que aunque comunes resultan muy bonitos cuando se ven de cerca. El de la fotografía  presenta un curioso defecto en el pico, con la mandíbula superior muy crecida.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta)

Estornino negro (Sturnus unicolor)

Y aquí no acaba el gran elenco de aves que pueden verse en este magnífico, aunque castigado, parque natural. Sirva de ejemplo el calamón (Porphyrio porphyrio), común en algunas zonas, sobre todo cerca de la laguna. Aquí, a diferencia de otras zonas que conozco no suelen verse muy de cerca.

Calamón (Porphyrio porphyrio)

Cuando hablaba antes de las zancudas quizá habréis echado a una de menos. Y es que a los flamencos (Phoenicopterus roseus) quería dejarlos para el final. Aunque pueden verse durante todo el año es precisamente en esta época de finales de invierno, una vez acabada la temporada de caza, cuando se alcanzan grandes concentraciones del ave fénix en la Albufera. Tienen algo especial los flamencos, pues a diferencia de otras muchas aves, atraen a mucha gente, que no es ornitóloga aficionada hacia los arrozales para verlos.

Flamencos rosados (Phoenicopterus roseus)

Con un poco de respeto se dejan observar a distancias bastante buenas que permiten disfrutar de todo su colorido. Pude incluso leer alguna anilla, ya os informaré si consigo los datos. Es cuando vuelan cuando estas elegantes aves muestran toda su belleza. Incluso en su curioso aterrizaje, donde erguidos, parece como si caminaran por el aire.

Flamencos rosados (Phoenicopterus roseus)

Flamencos rosados (Phoenicopterus roseus)

Y con una última estampa de estas preciosas aves acabo la entrada. Como siempre espero que os haya gustado, la próxima volverá a estar dedicada a los anfibios con muy interesantes observaciones!


viernes, 10 de febrero de 2017

Monfragüe

Esta vez la excursión no ha sido puramente de placer, sino debido a unas prácticas de la carrera. Para poner en práctica lo aprendido en materia de biogeografía y biología de la conservación hemos pasado casi una semana en el Parque Nacional de Monfragüe. Luego a la hora de la verdad en cuanto a prácticas ha habido de todo y para todos los gustos, pero no es de eso de lo que quiero hablar aquí.

El tener que llevar un horario estricto en cuanto a las actividades que hacíamos ha hecho que no tuviéramos demasiado tiempo libre para conocer el parque por nuestra cuenta, ya que no teníamos transporte más allá de nuestras piernas. No obstante, Monfragüe es un paraíso y en cualquier momento y rincón pueden observarse muchas cosas chulas. Así que preparaos para una entrada larga e intensa.

Voy a empezar hablando de los anfibios. Monfragüe es uno de nuestros espacios naturales con mayor diversidad en este grupo de animales, con 11 especies de las cuales conseguimos ver todas menos una, el sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi) que continúa con su resistencia a aparecer, ya caerá. Hemos tenido suerte en este aspecto, ya que nos ha llovido algunas noches y gracias a eso hemos podido ver algunas especies que de lo contrario habrían resultado muy difíciles. Ya en una charca junto a los chozos donde nos alojábamos abundaban los gallipatos (Pleurodeles watl) y los  siempre preciosos tritones pigmeos (Triturus pygmaeus).

Gallipato (Pleurodeles watl)

Tritón pigmeo (Triturus pygmaeus) macho

Tritón pigmeo (Triturus pygmaeus) hembra

También aquí era común una especie nueva para mí, la ranita meridional (Hyla meridionalis). Aunque me parezca algo más bonita su prima la ranita de San Antonio, todas las ranas arborícolas son de mis anfibios preferidos. Durante las noches sus coros llegaban a todas partes.

Ranita meridional (Hyla meridionalis)

Ranita meridional (Hyla meridionalis)

Ranita meridional (Hyla meridionalis) cantando

Voy a hacer aquí un pequeño inciso para agradecer a todos los amigos y amigas que nos acompañaron a mí y a otros compañeros naturalistas en las noches a la búsqueda de anfibios. He de decir que una de las cosas que más me gusta hacer es quizá mostrar nuestros tesoros naturales a gente que no los conoce y ver como al final acaban apreciándolos. Siguiendo con las especies vistas, pudimos observar un ejemplar de sapo común (Bufo spinosus) de apreciable tamaño. Aunque para mí es una especie habitual, el mayor de nuestros anfibios triunfó entre varios amigos que lo veían por primera vez. Además vimos varios sapos corredores y ranas comunes que por lo abundantes que son en todas partes no me molesté en fotografiar.

Sapo común (Bufo spinosus)

Otra especie muy común por todos los puntos de agua era el tritón ibérico (Lissotriton boscai). Estos pequeños urodelos estaban en fase acuática y en algunos pilones con aguas transparentes pudimos observar cómodamente su comportamiento, incluyendo el curioso cortejo. Otra preciosidad de anfibio nuevo para todos.

Tritón ibérico (Lissotriton boscai)

Pasando ya a especies más rarunas, en las noches de lluvia pudimos ver bastantes sapos de espuelas (Pelobates cultripes), que como muchos sabréis son muy poco habituales en Valencia, con lo que siempre es un placer observarlos, con esa cabeza tan curiosa y sus enormes ojos saltones.

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Sapo de espuelas (Pelobates cultripes)

Y en las proximidades del Arroyo de Malvecino pudimos observar la primera noche dos preciosas hembras de salamandra común (Salamandra salamandra bejarae) de gran tamaño y con las manchas rojas típicas de esta subespecie y otras parecidas. Tengo una debilidad especial por esta especie así que creo que fue el anfibio que más ilusión me hizo verlo, aunque no sean una especie nueva.

Salamandra común (Salamandra salamandra bejarae)

Salamandra común (Salamandra salamandra bejarae)

Y la última especie la sacamos de pura chiripa, un adulto de sapo partero ibérico (Alytes cisternasii) que cruzó el camino cerca también del arroyo. Aunque parecido al partero común que tenemos en Valencia, este tenía un aspecto más rechoncho y unas motitas rojas que al principio me parecieron ácaros pero según he visto son típicas de esta especie.

Sapo partero ibérico (Alytes cisternasii)

Dejemos ya a los anfibios y pasemos a las grandes protagonistas de Monfragüe, las aves. Debido a estar de prácticas no hubo mucho tiempo para dedicar al pajareo como a mí me hubiera gustado, pero aun así pude ver a placer a los abundantes buitres leonados (Gyps fulvus), que estaban enfrascados en la construcción de sus nidos, y también a los negros (Aegypius monachus), pero éstos más lejos.

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Buitre negro (Aegypius monachus)

La estrella del parque es el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Durante unas horas que estuvimos en la Portilla del Tiétar, en teoría censando nidos de buitre, pudimos observar a placer a la pareja en sus vuelos de marcaje, atacando a los buitres y llevando también material a su nido.

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti)

Otras aves vistas fueron los rabilargos, algunos pequeños pájaros o los siempre preciosos milanos reales (Milvus milvus).

Milano real (Milvus milvus)


De mamíferos me sorprendió la total ausencia de conejos, las enfermedades deben haber hecho mella en ellos y las águilas no deben estar pasándolo muy bien. En cambio pudimos ver una bonita comadreja (Mustela nivalis) justo cuando no tenía la cámara a mano. Y los abundantísimos ciervos (Cervus elaphus) que además eran muy confiados. 

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)


Durante una de las noches pudimos ver un pequeño combate entre dos machos, sencillamente espectacular el ruido que hacían al trabarse en sus cornamentas.

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)

Ciervos (Cervus elaphus)


Y hasta aquí las fotos. Esta debe ser de las entradas más largas del blog, así que gracias si habéis llegado hasta aquí. Desde aquí agradecer a tantos amigos y amigas que me han acompañado en este viaje, en especial a Juanjo, Claudia, Pablo, Marian, Carlos, Clara, Mavi, y muchos otros compañeros que no por no mencionarlos son menos importantes. Esperemos repetir un viaje así muy pronto, ¡y viva la biología de bota!